Otros Carnavales en Canarias… una historia casi real

Conocí a Ramón una noche de carnaval. Nada más observarlo me pareció una persona mayor, su larga barba blanca y su piel quemada lo revelaba, pero su peluca rubia y su falda de lunares y tacones me hacían dudar de su verdadera edad. Sentados en un viejo banco de piedra en una pequeña alameda, lejos de ruido y música, me llamó “chacho”, como si de toda la vida me conociera, comenzó preguntándome de dónde venía, yo le pregunté lo mismo, con voz tranquila y relajada me contestó que era canario y carnavalero, que de pequeño tuvo que emigrar a Cuba, pero cuando llegaba febrero se “alongaba” en el Malecón y miraba al este, en busca de su carnaval isleño.

Ramón no paraba de hablar con voz suave e hipnotizante, yo escuchaba lo que me contaba en la linde del sueño y la realidad. “El carnaval ya no es el de antes, no había tanto color y música, pero aún conserva su esencia más pura… la amistad, la gracia y la creatividad”, pero todo cambia con el tiempo… Monzón trajo las comparsas, y del norte llegaron los Drag Queen, dando un nuevo ritmo, armonía y alegría al carnaval” … “ni Franco los pudo cambiar”.

Tras un pequeño descanso, encendió un gran habano que mezclaba su olor con el de las “cotufas o roscas” recién tostadas, y comenzó nuevamente a “alegar”, diciendo con voz alta y clara… ¡pero hay otros carnavales! Yo, asombrado con la creencia de que conocía la fiesta y a los canarios le pregunté, ¿otros?… sí, manifestó, “pero conocerlos es cuestión de años, están en pequeños pueblos y en islas alejadas, además se celebran en la misma fecha…  he tardado una vida en visitarlos”. Luego me invitó a montarme en el minutero de su especial máquina del tiempo… ¿era un sueño, me pregunté?, pero no dudé en subirme rápidamente al tardo caminar de la manecilla de su reloj.

Los minutos pasaban lentamente y el reloj nos llevó, lejos del ruido y las masificaciones, a un pueblo llamado La Frontera, en la isla más occidental de Europa, El Hierro, allí bajamos en “La Casa del Miedo”, un viejo corral donde un nutrido grupo de jóvenes cubrían sus cuerpos con pieles de carneros y de sus cabezas salían largos cuernos, cubriendo los más veteranos su cara con diabólicas máscaras. Pasadas las cinco de la tarde, carneros, locos y pastores salen a las calles de Tigaday, y haciendo sonar sus cencerros comienzan sus travesuras. Por la magia del momento me vi envuelto en zaleas, en las manos llevaba betún y corría detrás de los más jóvenes con la intención de tiznar y dejar mi huella… dándome más de “un estampido” contra el suelo.

Terminada la fiesta al anochecer subimos nuevamente a la máquina del tiempo, que nos llevó a un pequeño charco muy cerca del mar, donde Ramón me dijo que se celebraba una gran fiesta en el mes de septiembre, pero que esa era otra historia.

Caminamos del charco a un pequeño pueblo de la isla de Gran Canaria llamado La Aldea, allí conocimos a José Pedro, un maestro jubilado que nos llevó a La Gañanía, donde estaban los niños y las niñas acompañados por sus madres y padres, que los ayudan a disfrazarse vistiéndolos con pieles y adornándolos con cuernos, les tiznan la cara y las piernas y les colocan cencerros. Mientras se preparan tortitas de carnaval y chocolate caliente, los mayores se visten con viejas ropas de hombres y mujeres y se tapan la cara con mantelillos calados. Terminada la merienda comienza el pasacalle del carnaval tradicional de la Aldea, destacando “El Diablo” vestido con zaleas de cordero y cabeza de vaca con cuernos, que va arrastrando sus cadenas y sembrando el terror entre los más jóvenes, a los que pinta y tizna con betún. José Pedro nos comenta que es una fiesta recuperada de los mayores, pudiendo tener sus orígenes en el norte de África, como los Carneros de Tigaday o los Diabletes de Teguise, con los que guarda cierta similitud.

Huyendo del Diablo fuimos en busca nuevamente de la alquimia del tiempo que nos lleva y “zambuye” en el mar de Puerto del Rosario en la isla de Fuerteventura.

Con el agua al cuello y rodeado de “artilugios hidrodinámicos impulsados por energía no contaminante… obviamente”, popularmente conocidos como Achipencos,  Ramón me dice que es un carnaval joven y alegre, donde las embarcaciones utilizadas no pueden ser construidas sobre sistemas de flotación convencionales, de manera que cascos de barco, tablas de surf o balsas neumáticas están totalmente prohibidas, siendo la imaginación la que se encargue de proporcionar flotabilidad y propulsión, mediante sistemas no contaminantes, pero no todos los navíos tienen la flotabilidad garantizada, lo que aporta a la fiesta la alegría y simpatía que caracterizan a este curioso carnaval. “Engurruñados” por el agua nos subimos a nuestro transporte en el tiempo, en busca de una nueva aventura carnal, que nos lleva a una gran nube blanca que nos ciega y no nos deja ver.

Carnavales en Canarias

¿Dónde estamos? Quizás el reloj de forma errónea nos ha dejado en un nublado Londres, pero escuchamos “el timple” y la música caribeña de las maracas, solo podía ser un lugar… La Palma y su carnaval isleño. Poco a poco la nube nos deja ver un mundo blanco, donde solo destaca los alegres colores de La Negra Tomasa, “Sosó”, que llega todos los años de Cuba para dar inicio al carnaval de «Los Indianos» palmero. También conocimos a Antonio Gutiérrez, que con sus 92 años lleva mensajes de vida y amistad. Huyendo de las inmensas polvaredas de los ingeniosos artilugios agrícolas adaptados que llenan la ciudad del pertinaz polvito, busco la máquina que nos lleve a otro carnaval , pero Ramón me dice que es mejor coger “la guagua” y pasar la cumbre y ver el carnaval “gallo” (gentilicio de los habitantes de Los Llanos de Aridane), donde somos recibidos por una gran polvacera de colores, donde también pudimos ver a unas curiosas viejas que llevan a sus hombros a pesados y gandules varones, pero solo era un ingenioso disfraz conocido como “Viejas a Caballotas, que aparecen todos los años por el carnaval.

Carnavales en Canarias Los indianos de La Palma
Carnaval La Palma Los indianos

Terminado el viaje palmero saltamos a un pequeño rincón de Teno, en la isla de Tenerife, donde en un pequeño salón, “abarrotado” de gente, ésta interpreta y baila isas, folías, malagueñas y el popular tanganillo o tajaraste de Teno. Viene mucho público de fuera, pero los visitantes dan prioridad a las gentes del lugar, que se reservan para el tajaraste, para el que establecen una verdadera competición entre bailadores y tocadores, que van incrementando el ritmo hasta lo frenético, que solo acaba con el abandono por cansancio de alguno de los dos bandos. Pasada la media noche llega el momento más esperado, la colocación de la piñata, de la que cuelgan cintas de colores. A continuación, las parejas se colocan en círculo y van bailando al son de la “Isa de la Piñata”, mientras que las mujeres se acercan y por turnos tiran de una de las cintas hasta que alguna logre abrir la piñata y da por terminado el baile. Ramón me habla de Pedro González mientras de sus ojos veo salir una pequeña lágrima de emoción, tenía mucha amistad con él, gran persona y defensor durante muchos años de nuestras tradiciones y especialmente de la Piñata de Teno. Con cierta pena y nostalgia abandonamos el caserío de Teno y ponemos rumbo al Puerto de la Cruz.

Carnavales en Canarias, teno

Nos bajamos muy cerca de la plaza del Charco, algo cansados del viaje nos refrescamos en el chorro del Muelle, pronto escuchamos el ritmo de tambores y chapas junto al repetido estribillo “¡Cabezón, son, son, que la culebra la mato yo!”, nos acercamos a ver la representación, que según me comenta mi compañero de viaje, pertenece al denominado folclore de la inmigración, traído a las islas por emigrantes retornados de Cuba. Es una manifestación cultural de carácter festivo en la que se mezclan la música, la danza y la representación escénica. Los primeros en salir son los alumnos de los colegios del Puerto de la Cruz, que, después de meses de ensayo, realizan el curioso ritual de matar la culebra y luego salen los mayores. Los distintos grupos están formados por niños y mayores pintados de negro, vestidos con ropas caribeñas blancas con una flor roja en sus sombreros de paja, diferenciándose así del “mayoral”, que lleva botas camperas, capa roja y látigo. Una representación que muestra la lucha del Bien contra el Mal, representado en la culebra.

Carnavales en Canarias
Carnavales en canarias

Ramón me dice que falta poco para terminar mi viaje y con un giro de reloj nos traslada a la isla más oriental del archipiélago, Lanzarote. Rodeado de máscaras pintadas toscamente en colores con cuernos de cabra, visten ropa blanca pintada con franjas negras y rojas formando rombos. Llevan correas de cuero con campanas y cascabeles. En la mano, un palo con una bolsa de piel, lleno con un trozo de tela, con la que golpean el suelo y a quien se les aproxime, en un juego que no pretende dañar a nadie, sino divertir, y para el que salen a las calles corriendo detrás de niños y jóvenes, gritando y asustando a los asistentes. Los Diabletes son una de las tradiciones patrimoniales, históricas y campesinas más antiguas de Canarias.

Carnavales en Canarias
Carnavales en canarias

Solo con girarnos vemos la curiosa parranda de Los Buches, que abren el coso del Carnaval de Arrecife, sus colores, sus ropas y su música nos trasladan a tradiciones relacionadas con el mar y las costumbres marineras del carnaval en el pueblo de Lanzarote. Los portadores de los buches, llevan vejigas de grandes peces que, secos, curtidos e inflados, los utilizan para golpear a la gente de forma suave, a manera de juego, y la parranda de los músicos canta “la batea del gofio” … “Desde que llega febrero, los marineros van llegando y, para los carnavales, los buches se van hinchando”, los músicos se diferencian de los portadores de buches porque no llevan la bonita máscara de rejilla en la que se dibuja un rostro, diseño en el que colaboró Cesar Manrique.

Otros Carnavales en Canarias
Otros Carnavales en Canarias

Con la alegría en el cuerpo regresamos al Puerto de la Cruz de Tenerife, Ramón me cuenta que Mascarita Ponte Tacón es uno de los carnavales más jóvenes, divertidos y accidentados de Canarias, pudimos ver más de un “taponazo” contra el suelo de sus alegres participantes, que recorrían un pequeño maratón de obstáculos en una calle adoquinada y sobre grandes tacones de más los diez centímetros, las risas de mi compañero no pararon en todo momento, me dice que el próximo año se apunta a tal singular “tenderete”.

En un último viaje en el tiempo el minutero de nuestro reloj se dirige a tierras del Mencey Acaymo en el valle de Güímar en la isla de Tenerife, nos reciben lenguas de fuego y música de batucadas en una de las representaciones más “bestiales” del carnaval isleño. La leyenda cuenta que a media noche las burras se convierten en brujas y en un apasionado aquelarre atraen al maligno que es derrotado por el Arcángel.  Una cuidada representación de la lucha del Bien y del Mal que termina con la quema del diablo que representa el final del carnaval, grandiosa representación que tiene otras similares en Canarias como son el Perro Maldito de Valsequillo o el Perro Maldito de La Galga, pero esas son otras historias, como dice Ramón. 

Otros carnavales en Canarias, las burras de Güímar
Otros carnavales en Canarias, las burras de Güímar
Otros carnavales en Canarias, las burras de Güímar

Con los primeros rayos del sol y el ruido de las máquinas limpiadoras me despierto en el frío banco de piedra, solo ha pasado una hora desde que conocí a Ramón, pero ya no está. ¿Fue todo un sueño? De camino al hotel no paro de repetir una bonita melodía, “¡Cabezón, son, son, que la culebra la mato yo!”. Veo mi cara en el espejo manchada de betún y los flecos de mi traje llenos de polvos talcos, con un agradable dulzor en mi boca a tortitas de carnaval.

Pasan los días, recorro la isla, hablo con sus gentes, veo sus paisajes, y pronto regreso a mi pueblo a miles de kilómetros de distancia. Hoy solo espero que llegue febrero para regresar al Sur a mi carnaval isleño.


Juan Agustín Pérez Pérez (Tingo) nace en Venezuela en 1955 de padres emigrantes palmeros. Profesor de dibujo y fotografía, fotógrafo documental y creativo con más 45 años de experiencia, dedicado a la docencia y al estudio de las tradiciones y fiestas de Canarias.

Las fotografías y textos son un pequeño avance del contenido del libro Fiestas de Canarias, que se publicará en los próximos meses, un trabajo de mas de 20 años recorriéndo las pequeñas fiestas y tradiciones de las ocho islas Canarias. Más de 40.000 fotos de multitud de celebraciones, de las que se recogen 90 fiestas en la publicación, acompañadas de más de 800 imágenes con textos de cada tradición.

  1. Alejandra Pérez says:

    Bonito viaje por un capítulo de nuestras tradiciones. Se disfruta como si se estuviera dentro de cada uno de ellos.
    Esperando que se publique ese gran trabajo con el que se conocerán las fiestas tradicionales.

    • CanariasViaja.com says:

      Alejandra, muchas gracias por tu comentario. Nos alegramos de que te haya gustado este viaje por los otros Carnavales. Sin duda un buen avance del libro que publicará Tingo próximamente.

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