Teguise, paisaje cotidiano

Me he sentado en un café junto a la plaza, frente a las casas, iglesia y monumentos, me planteo cómo describir mi paisaje cotidiano, qué se oculta tras este y tras otros propios de nuestro entorno.

A mi espalda la pared del café. Sol. Las once. La cara de enfrente de la plaza en sombra está vacía, los turistas buscan sentir el sol mientras caminan. Conversaciones cercanas siempre un idioma diferente, pasos en la plaza, en los adoquines, sin coches, sin estrépito de motores, de vez en cuando saludo a un conocido que pasa mirando el suelo, despacio, a la sombra.

Me figuro que este ritmo mío del café es para los turistas vecinos de mesa el comienzo de las vacaciones y este paisaje urbano de casas terreras blancas, de calles-plaza, esta pulcritud carente de más ornamento que el espacio y la luz, este pueblo sobrio y bello es, para ellos, el paisaje esperado, la imagen idealizada de la antigua capital de Lanzarote. Teguise parece anclada en el S XIX, evocando tanto a Méjico como a Castilla.

Plaza de la constitución en La Villa de Teguise, Lanzarote
Iglesia de Teguise. Foto: Patri Cámpora

Pero lo que este paisaje evoca en mí difiere de lo que el visitante percibe. Nos emocionamos ante este entorno; la gente, el aire, los ruidos, los colores, las presencias materiales y también las formas. Formas que encuentro, que encontramos bellas, todo ello matizado por mi propio estado de ánimo, mis sentimientos, mis expectativas.

Frente a esta imagen bucólica que les muestro quiero abrir aquí el debate de nuestra realidad insular, la difícil y necesaria conciliación entre la conservación de estos paisajes urbanos y naturales con la modernización que reclama y necesita su población. La introducción y puesta en valor de nuevas arquitecturas, el fomento de la creatividad, la libertad formal entendida desde el respeto al entorno en que se inserta. Porque esta imagen oculta también una sociedad que no ha resuelto aún cómo llegar a la conciliación entre tradición y modernidad.

Trasera de la Iglesia de Teguise. Foto: Patri Cámpora

Entretanto, de vuelta a mi estudio, me dejo embaucar por el ritmo lento de las calles adoquinadas.

Teguise es un centro histórico bien conservado, secuencia de calles con un esquema urbano propio de un núcleo del siglo XVI con un crecimiento orgánico sin un trazado urbanístico predefinido, más ortogonal propio de núcleos como La Laguna.

Esta secuencia de calles que se convierten de forma natural en plazas le confieren una belleza singular

Paseo por Teguise

Camino por la calle León y Castillo, vía principal del núcleo; las sobrias fachadas de las casas en sus laterales se adornan con carteles, telas coloridas y terrazas al sol. 

El centro de Teguise ha sabido, en los últimos años, convertirse en un núcleo que ha mantenido su legado histórico y reconducido su patrimonio hacia el sector turístico sin perder la esencia de un pueblo calmado.

Plaza de la Constitución. Foto: Patri Cámpora

Me detengo en la plaza de la Constitución, a mi izquierda, ocupando todo el lateral de la plaza se encuentra el denominado Palacio Spinola, ejemplo de casa de la burguesía del S XVIII. 

Es una preciosa construcción de una planta que se desarrolla en torno a un patio central con galería. Esta casa, ahora de la administración local, tiene para mi un significado especial; fue siempre la casa de mi familia que la construyó y habitó durante generaciones, hasta que mi abuela ya mayor la vendiera. Imagino la vida que en ella se llevaba, pienso en las historias que mi abuela me contaba: el salón donde su padre pasaba las tardes con sus perros, tocaba la guitarra, un hombre divertido y vital. El cuarto de su madre, una mujer religiosa y seria. Siempre he sentido que mi abuela paterna, Carmen Spinola, muestra el espíritu de este pueblo; con un profundo sentido de su historia, saber estar, calma y cierta melancolía

Imagino la vida de La Villa a principios de siglo, creo que hasta la llegada del turismo no debió variar demasiado, incluso ahora, cuando los locales cierran y quedamos sólo los pocos residentes del núcleo, vuelve a Teguise el ritmo cadencioso de hace siglos. 

Calle de Teguise
Plaza Clavijo Fajardo. Foto: Patri Cámpora

Reanudo el camino, dejándome llevar, a la plaza Clavijo y Fajardo, donde saludo a Rita siempre dulce en su saludar, que lleva con delicadeza el restaurante Ikarus, que junto con el ya histórico Acatife fueron los primeros en adaptar con cuidado una vivienda histórica para este uso.

Ya en la calle El Rayo otro de los ejemplos de acertada rehabilitación, la realizada para el hotel emblemático del Palacio Ico, antes de esta situación de pandemia, era aqui donde tomaba mi café mañanero, acompañada por la conversación de Begoña o Sonsoles que con tanto cuidado tratan a sus huéspedes.  Nuevos hoteles emblemáticos se están abriendo; apuestas vitales llenas de belleza, arte y sueños como la futura Casa de Las Flores.

Fachada Palacio Ico. Foto: Patri Cámpora

Casi llegando a casa interrumpe mis pensamientos Philippe, que me saluda sentado en la puerta de su tienda de surf mientras lee apacible al sol escuchando, como siempre buena música. Philippe apostó por Teguise cuando nadie lo hacía, vino de Paris a este pueblo, cambió su vida y trajo la modernidad, vitalidad, energía y dulzura. Cuando mi ritmo vital se acelera por el trabajo y paso corriendo sin darme cuenta de qué ocurre a mi alrededor él me recuerda que la vida es mucho más.  

Árboles en las calles de Teguise en Lanzarote
Árboles en la calle Rayo de Teguise. Foto: Patri Cámpora

Llegué a vivir a La Villa hace 15 años, rehabilitando una antigua casa de mi familia en la Plaza de la Veracruz, frente a la preciosa iglesia de igual nombre, donde el cristo de larguísima melena dicen que llegó a la costa de Lanzarote tras naufragar un barco que se dirigía a México. Esta, como tantas otras, son historias cuya veracidad prefiero no analizar, no sea que se rompa la magia. 

Ha cambiado mucho La Villa, se han rehabilitado muchas viviendas con la implicación, apuesta por nuestra historia y esfuerzo que esto supone, es ahora una ciudad más viva sin perder la belleza y pureza de este lugar en que he decidido vivir.

Foto: Rafa Rodríguez

Los turistas, algo perdidos, llegan a la plaza de la Veracruz; los más osados se asoman al zaguán de la casa frente a la iglesia, intuyen un luminoso patio o miran curiosos por la ventana de mi estudio de arquitectura. Para ellos, una turística postal; para mí, la vida cotidiana.


Blanca Fajardo Lopez, arquitecta con especialidad en rehabilitación arquitectónica y urbanismo.

Tras vivir en La Laguna, Oporto y Madrid decido venir a Lanzarote y abrir mi estudio en La Villa de Teguise en la búsqueda de la belleza y la calma de esta isla. 

  1. roberto says:

    Hola, me ha encantado tu redacción. Quisiera comentarte algo sobre un trabajo que estoy realizando, por si me pudieras hacer un favor. Te mando mi correo y te explico: estoy recreando una historia y, parte de ella, se desarrolla en Lanzarote.

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