Viajar con niños a Senegal y Gambia: el viaje de Miguel

Decir que quieres viajar con tu hijo menor a un destino poco habitual es arriesgarte a que te miren mal.

Qué tipo de madre desnaturalizada eres, parecen decirte con los ojos, redonditos y enormes de puro asombro. Quizás el mensaje que sale por la boca contradiga al mensaje de la mirada: “Qué bien, qué valiente”, enuncian los labios. Y observas que esa persona ha descartado como totalmente temerario o inapropiado el cargarse un hijo menor a cuestas para coger un vuelo más corto que el de Canarias-Madrid y depositarlo y depositarse en Senegal o Gambia, aquí al lado.

Un viaje al corazón de las personas

Hay que admitir que es un destino que no surge de manera espontánea en el catálogo mental viajero africano de la mayoría de la gente. Después de todo, África son reservas naturales inmensas, grandiosos decorados en los que buscamos animales majestuosos y en los que poblados y personas forman parte del atrezzo, imponentes, lejanos y exóticos.  Casi de cartón piedra. Se espera que sientas la comunión con el atardecer, los gorilas o las jirafas, pero no con otros seres humanos. Las personas (locales) parece que ejercieran, en nuestra fantasía tipo “Memorias de África”, de espejo quizás prescindible en el que se refleja la otredad total. Gente misteriosa con la que no nos une nada y que entra en la categoría del elefante, el león o el rinoceronte: “Mira, ¡un masai!”. O de niño sonriente, en modo horda, que te rodea para una foto que colgarás sin remordimientos en una red social con una leyenda tipo “qué felices son con lo poco que tienen”.

Por suerte, hay otras formas de viajar por el continente africano y Canarias Viaja, con contrapartes como Ecotours Senegal, se está especializando en ellas. El elemento humano está en el centro de ese viaje, que se piensa como aprendizaje mutuo y contacto con la comunidad local, que comparte su experiencia y sus conocimientos con el viajero y le muestra su hospitalidad.

Miguel, mi hijo, viajó conmigo a Senegal y Gambia poco antes de cumplir siete años. También viajó a Costa de Marfil a meses de alcanzar los cuatro, aunque esa es otra historia. Cuando en los medios de comunicación o el colegio le hablan de un continente africano violento, pobre e insalubre, se acuerda de los niños con los que ha jugado a la pelota a veinte minutos de piragua de Keur Bamboung o de los que le adoptaron en la playa de Tanji, echándole el brazo por encima para pasearle entre las piraguas de pesca. O saborea el placer de comer attieké o alloco con las manos en un maquis y perder los dientes a golpe de tofi en Yamusukro, tras llenarse de arena en un patio mientras jugaba con otros chiquillos. Es cierto que también se acuerda de perseguir a los cangrejos en las playas de Joal y esperar a las hienas que nos evitaron, a lo lejos, en Palmarin. Pero, sobre todo, creo que lo que tiene más presente en su memoria es cómo memé le preparó bocadillos de aguacate y le acompañó a dar de comer a los patos, cómo Nihi lo durmió en su espalda cuando se intoxicó después de comerse las hojas del ficus del patio o cómo nuestros guías de Casamance, Fred y Tish, le regalaron ratitos e historias en la guagua con la que dimos tumbos por medio Senegal y un fragmento de Gambia.

Viajar con niños a Senegal y Gambia, playa de Tanji

África, su lugar en el mundo

Creo que, por todas esas razones, cuando regresamos de Dakar la última vez, plantó su metro veinte de humanidad en mitad del pasillo de la guagua que nos dejaba en el aeropuerto para advertirnos que no se despedía, porque pensaba quedarse allí. Y ya de vuelta en casa, lo primero que anunció a los abuelos que le preguntaron por el viaje es que pensaba vivir en África (“Senegal, Gambia, Costa de Marfil, un país”, le siseaba yo, orgullosa) de mayor.

Miguel les hablaría del manglar en el que vio una aguaviva y caracoles comedores de ostras, con Tish al lado rescatándolo cuando, de manera inexplicable, Luis y él hundieron su kayak. También de la quemazón en las heridas de las piernas al meter las piernas en el Lago Rosa, mientras Fred le explicaba el procedimiento por el que se extrae la sal de sus profundidades. O les mostraría el ritmo de djembé que todavía hoy reconoce y remeda, dos años después, y que Fred le enseñó una noche de campamento. O les narraría cómo escaló una palmera como hacen los artesanos que se dedican a extraer de ellas el vino, en Makasutu, con Fred y Tish vigilándole desde abajo.

Viajar con niños a Senegal y Gambia Lago rosa en Senegal
Viajar con niños a Senegal y Gambia, el viaje de miguel

Consejos para padres

Para los más miedosos, hay que decir que sólo son necesarios una vacuna contra la fiebre amarilla y un tratamiento antimalaria, además de algunos medicamentos extras según el juicio de los responsables de Sanidad Exterior. El sistema sanitario senegalés ha conseguido mantener a raya el ébola y es efectivo y los seguros de viaje son precauciones que, en la mayoría de los casos, acaban sin utilizarse. Con el pasaporte en vigor, los trámites de visado quedan en manos de guías rápidos y eficientes. Hay que beber mucha agua embotellada, eso sí, y rehuir precavidamente las ensaladas y la verdura no cocinada que se lava con el agua local y que puede sentarnos mal. Quizás. En el caso de algún chiquillo más difícil o escrupuloso, la dieta se queda algo encajonada en el arroz y los espaguetis, a lo que se puede añadir fruta. El pescado fresco abunda para el chiquillo que lo acepte sin problemas.

Un viaje así es una experiencia que no deberíamos negar a un hijo. Ni a nosotros mismos con él o ella. Y si tienen dudas, no hay más que preguntarle a Miguel y se las resuelve todas.


Ángeles Jurado es una periodista grancanaria que trabaja en el Departamento de Comunicación de Casa África. Marfileña de corazón, escribe ficción en los ratos libres que le deja su trabajo y su hijo, Miguel.

  1. Alberto says:

    Hola,
    Fantástica experiencia la que contáis en el artículo.
    Enriquecimiento personal, mentes abiertas. Por trabajo, he vivido en Latinoamérica 10 años en distintos países y simpre con nuestras hijas.
    Gracias por compartir

    Un abrazo,
    Alberto – ciudadano del mundo

    • CanariasViaja.com says:

      Muchísimas gracias por tu comentario, Alberto.

      Sin duda viajar con niños es el mejor regalo que les podemos hacer, sobre todo cuando conocen realidades diferentes a las suyas, que les enseñan a ampliar su visión del mundo y a valorar lo que tienen.
      Tus hijas son muy afortunadas de haber tenido esa enriquecedora experiencia de vida.
      ¡Esperamos verte por nuestro blog de nuevo!

  2. Carmen says:

    Qué bonito lo que escribes, y qué de acuerdo estoy contigo, nunca he sido más feliz que cuando he viajado.
    He tenido la suerte de pisar África en dos ocasiones, una en Camerún, soltera y sin hijos, jajaja, y la segunda en Costa de Marfil, ya embarazada de mi primer hijo. (Ahora tengo dos) Desde que el mayor tiene superados sus pequeños problemas de salud estamos intentando organizar el viaje a visitar la Tierra de su padre, Costa de Marfil, pero al poco me volví a quedar embarazada! Ahora que el pequeño tiene casi tres años estamos ya preparados para el maravilloso viaje. Qué jueguen con sus primos en la tierra, que conozcan lo divertida que es allí la infancia, que entiendan que el mundo es muy grande y que todas las formas de vivir y pensar son igual de importantes, qué sean felices igual que yo lo he sido en ese continente que espero poder seguir conociendo, Senegal, Togo, Ghana, Burkina Faso, Mali… Todos los países posibles.
    Indudablemente cuándo viajas con los hijos a ciertos países temes sobretodo por su salud, el miedo aunque sea mínimo está, pero no puede ser un freno, con tus vacunas pertinentes y las precauciones necesarias no solo no tiene que pasar nada, sino que encima vivirán la mejor experiencia de su vida, ahí está el ejemplo de Miguel que tiene claro que quiere vivir en África!!! Ojalá nos veamos Miguel, en cualquiera de los paraísos que allí hay.

  3. Ana María says:

    Mi hija está totalmente de acuerdo con Miguel. Ir a Gambia y Senegal, para ella ha sido el mejor viaje de su vida.
    Ha compartido muchas experiencias con los niños que quiere volver a repetir… risas, juegos, canciones y aventuras inolvidables; así que muy pronto volveremos 🙂

    • Patri Cámpora says:

      Me parece que debe de ser una de las mejores y más ricas experiencias que puede vivir un niño o adolescente. Conocer África nos amplía la mente y el corazón.

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