El Hierro, una isla fuera de serie

Conozco la trayectoria de la serie Hierro desde que era solo un proyecto. Por eso puedo asegurar que la isla, sus paisajes y su forma de vida son un personaje principal en todos sus capítulos. Y también un elemento de primera importancia a la hora de haber conseguido la financiación para hacerlo realidad.

Por supuesto, cuentan también los guiones, ágiles y trepidantes en los finales, el pulso vigoroso y el estilo elegante de su director, y el magnífico trabajo de su elenco, la mayoría, actores canarios.

Desde el principio, los responsables del proyecto viajaron a El Hierro para conocer sus particularidades e integrarlas en la historia. Incluso el acento está trabajado, doy fe de ello porque esa es mi contribución a los guiones. Estuve leyendo los diálogos de los personajes herreños con personas de la isla para contrastar las expresiones y la manera de hablar, sobre todo con mi amiga Olinda que fue un apoyo imprescindible. Un homenaje que se merece un habla austera y cristalina como la herreña.

También forma parte de la trama esa característica que bien conocemos quienes hemos vivido en la isla, el misterio por el que todo el mundo se entera de todo en un tiempo record.  

Y por supuesto, esa naturaleza tan diversa, tan peculiar y tan cargada de magia.

EXT.  MAR/EL HIERRO – DÍA

El Hierro
Foto: Beatriz Vidal

La segunda temporada arranca en el ferry llegando a la isla, con la imagen de su perfil recortado sobre el mar y coronado de brumas. Acercarse a El Hierro tanto por barco como en avión, siempre me produce una inmensa sensación de calma. Mi cuerpo, antes que mi mente, sabe que llegamos a un lugar seguro, donde el tiempo transcurre a otro ritmo, donde la gente tiene tiempo para mirarse unos a otros, donde desconectas de la cantidad de ruido y estímulos de otros lugares y donde cada rincón, cada curva del camino, te regala un destello de magia.

Verdaderamente parece que cruzas un umbral a otro mundo.

154   EXT.   PARADOR  – ATARDECER

Foto: Beatriz Vidal

El Parador de El Hierro juega un papel muy importante en esta segunda temporada como escenario de un crimen.

Llegar hasta allí ya es una aventura en sí misma. Conduces por una carretera que bordea la costa este de la isla con un paisaje árido de verodes y piedras, bajo un enorme cortado en la montaña. Hay que atravesar dos túneles, el último de ellos de una sola dirección, con un semáforo que regula el paso desde un lado y desde el otro. En esta isla de poco tráfico, los únicos semáforos que se encuentran son los de los túneles. 

Foto: Patri Cámpora

Al atravesar este último túnel se abre a la vista el famoso Roque de Bonanza, una escultura natural de piedra en medio del mar que recuerda formas animales. Y al fondo, el edificio del Parador, justo al borde del mar y rodeado de montañas cuya altura impresiona. Desde sus habitaciones, la sensación es única: el mar calmo enfrente, el susurro de las olas, el tiempo detenido… todo ayuda a conseguir ese lujo que es dejar la mente en blanco y disfrutar del momento presente.

EXT.  MONTE  – DÍA  

Foto: Beatriz Vidal

La montaña que sirve de fondo al parador es escarpada y plagada de cuevas que desde siempre han usado los herreños para resguardarse con el ganado. Se dice que no hay finca en El Hierro sin su cueva y su higuera como árbol que prospera en condiciones difíciles. En este paraje se pierde uno de los personajes de la segunda temporada, y también se refugia en una cueva.

Estos caminos y cuevas han sido el soporte de una tradición ancestral de la isla, las mudadas. Los recursos no sobraban y la mayoría de las familias vivía en las partes altas de la isla pero necesitaban para su subsistencia lo que les ofrecía la costa. Dos veces al año, en invierno y en verano, la familia se mudaba con todos los enseres necesarios y el ganado, buscando pastos, para trabajar la viña, para pescar o para evitar los rigores del clima. Esta zona de las playas era donde se mudaban los vecinos de Isora.

EXT. BOSQUE DE LAURISILVA  – DÍA 

Foto: Beatriz Vidal

En la primera temporada, el desenlace de la historia se producía en el bosque de Laurisilva de la isla donde moría el personaje de Samir. En esta segunda ocasión, su hijo vuelve al lugar para rememorar lo que ocurrió.

Dicen que la Laurisilva es una reliquia viviente porque es un vestigio de las selvas del periodo Terciario, de hace más de 20 millones de años, y que ya sólo se conserva en algunas islas de la Macaronesia.  Quizá ese eco de un pasado tan remoto es lo que lo convierte en un lugar mágico. Adentrarse en él es sentirse inmerso en un cuento infantil poblado de duendes, hadas y brujas.

Foto: Beatriz Vidal

El sendero circular de La Llanía recorre sus misterios y deja mudo al paseante. Te da la sensación de que cualquier ruido alteraría esa atmósfera fragante que estimula la fantasía.

Sendero de la Llanía
Foto: Beatriz Vidal

Los herreños siempre le han tenido cierto miedo a este bosque. Antiguamente, cuando todo el mundo se desplazaba a pie o en burro, cruzar la Laurisilva de noche no le gustaba a nadie. Al atardecer, al calor de la lumbre en los hogares se contaban historias de aparecidos que impresionaban la imaginación. Todo un imaginario fantástico que impregna aún hoy el musgo de los troncos de sus árboles.

EXT. MIRADOR LA MACETA  – DÍA 

Foto: Beatriz Vidal

Los charcos de El Hierro son una de sus señas de identidad. Disfrutar del mar de manera diferente a la típica playa turística es lo que los hace únicos. La sensación de bañarse a resguardo viendo como las olas chocan contra los roques y sin signos de civilización alrededor, te hace sentir en conexión directa con la naturaleza. La Maceta es uno de los charcos herreños más populares.

Foto: Patri Cámpora

El sendero que va de La Maceta a Las Puntas es una serpentina de madera extendida sobre la lava viva, lo que facilita el disfrute de un paseo que no pierde de vista el mar. Con la maresía humedeciéndome la cara, el silencio del malpaís y los Roques del Salmor al fondo, nunca me cansaré de recorrerlo.

Foto: Patri Cámpora

Una de las conversaciones entre personajes de la serie se desarrolla sentados en un banco de uno de sus muchos miradores que son atalayas sobre el acantilado enfrentadas a ese mar salvaje y potente del Golfo de Frontera. Allí se puede hablar a salvo de oídos indiscretos porque el rugido del mar solapa las voces y ves venir a cualquier persona en la distancia. Un lugar ideal para decirse cosas que los demás no deberían escuchar.

EXT.  ARCO DE LAS TOSCAS – ATARDECER 

Para deshacerse de una prueba incriminatoria, nada mejor que un lugar solitario y apartado de la isla. La carretera que va a la playa del Verodal transcurre sin ver una sola casa ni apenas cruzarte con ningún coche. Un paisaje con lenguas de lava más reciente sobre terrenos más antiguos. Rojo, amarillo, verde, negro y el azul profundo del mar que en esta zona suele estar embravecido.

Foto: Beatriz Vidal

Un sendero parte de Arenas Blancas y bordea esta costa tan abrupta. El paseo es un desafío a la imaginación por las caprichosas formas que el embate del mar ha ido moldeando en los acantilados. El arco de las Toscas parece parte de una catedral medieval, grácil y sólido a la vez, como una pasarela de piedra sobre la espuma de las olas. 

EXT.  BAR CARAVANA – DÍA

Foto: Patri Cámpora

La isla no son sólo paisajes, su gente y su particular forma de vida son un elemento fundamental de su personalidad. Sin duda en El Hierro el tiempo transcurre de forma diferente, las relaciones humanas encuentran el sosiego necesario para conocerse sin prisas y el día a día depara numerosas ocasiones de hacer buena vecindad. 

Cuando llegué a vivir a El Hierro me llamó la atención el inmenso respeto de sus gentes, que no hubiera vallas en las huertas y las puertas siempre estuvieran abiertas. Creo que uno duerme más a gusto si sabe que puede fiarse de sus vecinos.

En la ficción, la isla es escenario de crímenes, persecuciones y suspense, como corresponde a un relato policiaco. Pero en la vida real en El Hierro nunca pasa nada de esas características. Ese es uno de sus mayores encantos y lo que hace que sea el lugar ideal para desconectar y relajarse. Y la mejor forma de hacerlo es yendo a los lugares que no son para el turismo, a los lugares donde va la gente en su día a dia.

Uno de estos lugares es el kiosko Pedri frente a la Cooperativa Agrícola de Frontera. Allí se reúnen todos los que se dedican al campo para un café de media mañana o una copa al mediodía. Se trata de un camión de comida con una terraza informal y muy singular, decorada con tigres de peluche y que es una verdadera inmersión en la vida local. 

En un momento de la segunda temporada de la serie, algunos personajes se citan en este chiringuito para charlar. La vida herreña auténtica se cuela así en la trama de ficción como parte inseparable de la misma.

EXT. TACORÓN  –  DÍA

Foto: Beatriz Vidal

El mar de las Calmas baña los charcos de Tacorón. Desde sus costas, se disfruta del mejor atardecer de la isla con el sol poniéndose tras el faro de Orchilla. Y no es difícil ver los lomos de grupos de delfines que disfrutan en esta Reserva Marina.

Costa de Tacorán serie Hierro
Foto: Beatriz Vidal

La protagonista de la serie se toma un descanso de su exigente trabajo yendo a bañarse con su hijo a Tacorón. En la primera temporada, recién llegada, a Candela todo le parecía hostil. Pero en la segunda temporada va poco a poco dejándose enganchar por ese magnetismo especial de la isla. 

A menudo cuando no se conoce El Hierro, se piensa que puede recorrerse en dos días y verlo todo. Nada más lejos de la realidad. En tan poco territorio, hay miles de universos diferentes, cada cual más sorprendente. Merece la pena tomarse el tiempo de adentrarse por caminos poco transitados e ir descubriendo todas las pequeñas joyas que la isla encierra.

Tacorán localización serie Hierro
Foto: Beatriz Vidal

Tacorón está en la parte menos habitada y a su alrededor se puede caminar hacia pequeñas calas de lava, cuevas misteriosas y pequeños charcos cristalinos cuajados de vida. El cuidado con el que se trabaja en esta zona, tanto desde la pesca como desde el buceo, propicia un mar limpio y plagado de criaturas marinas. 

I/E.  CARRETERA TACORON / COCHE CANDELA – DÍA

Foto: Beatriz Vidal

La segunda temporada pone a la protagonista de la serie en un peligroso aprieto en la carretera que cruza los lajiales hacia Tacorón 

La lava ha dibujado en este paraje sugerentes formas, creando una extensa escultura de arte contemporáneo. A veces la piedra parece madera, otras veces, cuerdas anudadas, otras, la piel de un elefante. Y salpicando la negrura del suelo, emergen tímidas sanjoras verdes o violetas, como carnosas rosas primitivas. Un paisaje de piedra retorcida que cambia asombrosamente según el tiempo que haga. Al atardecer, se tiñe de dorado y se suavizan sus formas, a pleno sol del mediodía brillan como espejos las piedras más lisas, y con la bruma, se convierte en un lugar irreal fuera del tiempo.

Foto: Beatriz Vidal

Un escenario con personalidad propia para hacer pasar un poco de suspense al espectador.

EXT.  TERRERO – DÍA

Terrero de Frontera localización serie Hierro
Foto: Beatriz Vidal

El terrero de lucha de Frontera es un lugar imponente. Con su forma de teatro romano y sus gradas pintadas de rojo, tiene como decorado de fondo la imponente Fuga de Gorreta. Sentada en las gradas, parece que el terrero esté suspendido en el vacío, con una pared enfrente que cae 1.100 metros en vertical y a la que desde allí no se le ve el fondo. 

El desenlace final de la segunda temporada ocurre en este escenario épico en perfecta armonía simbólica con lo que pasa en la historia y que cierra todas las tramas. 

EXT. CAMPANARIO DE JOAPIRA – DÍA

Iglesia de La candelaria localización serie Hierro
Foto: Beatriz Vidal

Junto al terrero está la Iglesia de la Candelaria que tiene su campanario separado del edificio principal y construido sobre un cráter volcánico. Esa pequeña construcción blanca sobre la montaña roja se puede ver desde cualquier punto del Golfo de Frontera, y su situación aumenta el alcance del sonido de sus campanas.

En este promontorio sobre el impresionante paisaje del Golfo, termina la segunda temporada de la serie y se resuelven todos sus misterios. 

Los personajes de la serie y el trabajo de sus actores nos mantienen interesados y en suspenso con sus relaciones, sus pasiones, sus pesquisas, sus verdades y sus mentiras.

Y una vez más, ese actor de raza que es El Hierro es capaz de generar las emociones que la historia requiere en cada momento.


Dácil Pérez de Guzmán nace en Sevilla con ascendencia canaria. Se ha dedicado al mundo cinematográfico la mayor parte de su carrera como técnico primero y como directora después, realizando documentales, TV móvies y largometrajes de ficción con varios premios internacionales. Su película La última isla se rodó en El Hierro, el lugar de los veranos de su infancia y donde ha vivido varios años.

Actualmente ha dado un giro personal a su vida apostando por la sostenibilidad con un proyecto de permacultura en la Sierra de Aracena, en Huelva.
Es madre de una hija.

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