Enamórate de Jerez de la Frontera, con Juan Mateos

Juan Mateos de Arizón, o Juanito Mateos para los amigos, es relaciones públicas y responsable de enoturismo en Lustau, una de las bodegas con más solera de Jerez de la Frontera. Un embajador de excepción para descubrirnos su ciudad.

Jerez, una ciudad para disfrutarla todo el año

Si le preguntamos por la mejor época para viajar a Jerez nos cuenta que «siempre es una buena época para venir a esta ciudad porque tenemos muchos días de sol y no suele hacer mucho frío en invierno». Con temperaturas suaves todo el año, excepto en verano, cuando son más extremas y tendremos que dedicarnos a explorar las fantásticas playas de la provincia de Cadiz para refrescarnos.

Para Juan las mejores épocas para venir a Jerez son el otoño y la primavera aunque, si vienes justo antes de Navidad, puedes vivir una época muy bonita por las tradicionales zambombas, «preparativos a la llegada del Niño Dios, que en Jerez se hacen festivos en las Casa Puertas, en los barrios de San Miguel y Santiago, donde familia, amigos y las personas que pasan por allí, pueden disfrutar de una auténtica maravilla, los villancicos cantados por bulerías, en la cuna del flamenco»

La primavera, con la floración del viñedo y los campos relucientes tras las lluvias del invierno, también es una época perfecta, y más aun si hacemos coincidir nuestra visita con la Feria del Caballo que se celebra en mayo. Una semana en la que toda la ciudad se traslada al parque González Hontoria y los días trascurren, desde el mediodía a la noche, «si el cuepo aguanta, disfrutando del buen flamenco, la buena música, los buenos amigos y, por supuesto, el buen vino».

Independientemente del momento del año que elijamos para descubrir esta ciudad tenemos mucho por descubrir. Juan Mateos nos ha preparado una ruta para que podamos disfrutar de la esencia de su ciudad. ¡Vamos a ello!

Primer día en Jerez: gastronomía e historia

Hay que comenzar la visita a la ciudad de Jerez recorriendo su centro histórico, un centro que conserva el legado de los extranjeros, franceses e ingleses, que se establecieron en la ciudad, e invirtieron en la zona para hacer negocios con el Nuevo Mundo. Es por ello que muchas de las bodegas, como Lustau o Domecq, tienen apellidos de origen francés.

Comenzamos el día madrugando para ir a desayunar unos churros con chocolate a La Vega, uno de los lugares tradicionales para comenzar el día. Si prefieres algo salado, pídete un mollete de jamón con zumo de naranja y un buen café en cualquiera de los bares o restaurantes del centro.

Con el estómago lleno ya estamos listos para explorar la Plaza de Abastos, de finales del siglo XIX, a donde acuden los jerezanos a hacer su compra diaria. Podemos perdernos entre los puestos de este mercado para descubrir la excelente materia prima de la zona. En los mostradores de las pescaderías: acedías, pescadas de Cádiz, gambas blancas, marrajo, atún, cazón… nos hablan de la variedad de pescado y marisco fresco que podremos degustar en sus bares y restaurantes.

Se acerca el mediodía y es hora de parar en La Moderna a tomar «la primera«. La Moderna es un tabanco, una antigua venta de vino y tabaco, situado en la calle Larga donde la gente joven se reúne a tomar la primera copa: «un amontillado, un palo cortado o un oloroso, servido en copa grande, fresquito y acompañado por un buen queso o unos chicharrones». Después de esta parada en boxes es hora de seguir descubriendo la ciudad.

En una ciudad llena de templos del vino, visitar una bodega es un «imprescindible». Recorreremos la Bodega Lustau, una preciosa bodega fundada a finales del XIX, copa en mano para descubrir a través de sus vinos una de las regiones vitivinícolas más antiguas de España, Jerez. Y descubriremos, como dice Juan, que «para gustos los jereces«, ya que podemos encontrar vinos para todos los paladares, desde vinos secos, como el fino o la manzanilla, a vinos golosos con 500 gramos de azúcar, como el Pedro Ximenez. Caminando entre barricas sobre suelo de albero, en estas bodegas que parecen catedrales, iremos probando cada uno de los vinos que producen, mientras nos explican los maridajes y la forma en la que hay que tomarlos y servirlos. Un viaje de descubrimiento de estos grandes vinos.

Después de este viaje por los vinos de Jerez toca probarlos maridados con buenos productos de la zona. En el restaurante La Carboná el chef Javier, enamorado del producto local, ofrece un menú de almuerzo o cena con maridaje, perfecto para llevar a la práctica todo lo aprendido en la bodega y para saborear todos esos ricos pescados, mariscos y carnes que vimos en los puestos del Mercado de Abastos.

Si queremos probar platos típicos jerezanos, en el Mesón de Paco nos espera «una berza jerezana por derecho con su pringá» o un rabo de toro «que es una maravilla».

Al terminar el almuerzo, podemos tratar de conjurar la modorra recorriendo el centro histórico y el barrio de San Miguel en un coche de caballos.

Juan (658407426), nuestro cochero, nos recogerá al pie de El Alcazar, uno de los monumentos históricos, construído por los Almohades en el siglo XII, que no podemos dejar de visitar, y que esconde tras sus murallas una mezquita, baños árabes, un pabellón real y el Palacio barroco de Villacencio, entre otros tesoros.

Antes de subirnos al coche tenemos una última parada pendiente: el Palacio del Virrey Laserna. Un edificio que nos hace trasladarnos en el tiempo a principios del siglo XIX cuando habitó aquí el último virrey de Perú.

A ritmo pausado, escuchando el ruido metálico de las herraduras sobre el suelo empedrado, recorreremos el Barrio de San Miguel, uno de los dos barrios árabes que existían en la ciudad, hasta que el 1264 Alfonso X El Sabio cristianizó Jerez, y cuna del flamenco. En estas calles nacieron algunas de las figuras más importantes del flamenco, como La Paquera o Lola Flores, nacida en la calle de Sol, junto a la Ermita de la Yedra. No nos podemos ir del barrio sin visitar la Iglesia de San Miguel, cuya torre es la más alta de Jerez. No dejes de entrar en su interior para contemplar el impresionante retablo barroco de Juan Martínez Montañez.

Otro de los barrios con vena flamenca es el de Santiago, en el que nació el cantaor jerezano Fernando Terremoto. Una estatua con su busto lo recuerda junto a la Iglesia de Santiago.

Terminamos el recorrido visitando la Catedral de Nuestro Señor San Salvador, una construcción del siglo XVII que aúna los estilos gótico, barroco y neoclásico y que fue construída sobre parte de los restos de la primitiva Mezquita Mayor de Jerez.

Cae la noche y empieza a despertar el sonido de Jerez: el flamenco. En el Tabanco El Pasaje, que se conserva como hace casi 100 años, disfrutaremos con los cantaores que «pegan su pataíta y dan su cante por bulerías» mientras tomamos un jerez acompañado por unas tapas sobre papel de estraza, rodeados de carteles de corridas de toros de la época.

Si queremos terminar el día con una cena de mesa y mantel, podemos disfrutar de la buena gastronomía en Lú, cocina y alma, del chef Juanlu Fernández, o en Mantúa, del chef Israel Ramos, ambos con una estrella Michelin.

Segundo día: caballos que bailan y toros bravos

Un viaje a Jerez no cuenta si no se ha visitado la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Observar cómo bailan los caballos andaluces es una experiencia maravillosa y una demostración de la comunión que existe entre los jinetes y estos caballos de pura sangre. Juan nos recomienda hacer también la visita al Guadarnés, donde se custodian los arneses, monturas y bocados, y a las cuadras, para admirar de cerca la belleza de estos «animales que han ayudado tanto al hombre«.

La Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre se encuentra en el Recreo de las Cadenas, y junto al pabellón donde se realizan las exhibiciones se encuentra el Palacio, ejemplo de la arquitectura del siglo XIX, proyectado por Charles Garnier (arquitecto de la Ópera de Paris y del Casino de Montecarlo, entre otros) y cuyos primeros propietarios fueron la familia Pemartín, de origen francés.

Muy cerca de aquí, Juan nos recomienda no perdernos la colección de relojes históricos de La Atalaya, «un espectáculo, ¡una maravilla!».

Si tienes más tiempo y te apasiona el mundo de los caballos, Juan recomienda visitar la Yeguada de la Cartuja Hierro del bocado, la reserva más importante del mundo dedicada al caballo pura sangre, donde disfrutar de estos magníficos ejemplares en libertad.

Para los amantes de los toros, la Ruta del Toro Bravo, que discurre entre Jerez y el Campo de Gibraltar. En ella abundan fincas ganaderas y ganaderías tan afamadas en el panorama nacional como Torrestrella, Marqués de Domecq, Cebada Gago, Gavira, Marcos Núñez y Fermín Bohórquez, entre otros.

Recorrer la dehesa del toro bravo en plena campiña jerezana es posible en algunas de estas finca. A campo abierto ofrece la posibilidad de contemplar los toros de la ganadería brava de Torrestrella y los caballos de Álvaro Domecq. En el Cortijo Fuente Rey, de Fermín Bohórquez, se puede vivir una experiencia única en el corazón de la Andalucía más pura y profunda.

Podemos terminar este día dando un paseo a caballo al atardecer por la campiña jerezana entre viñedos en Alcántara Ecuestre, con Alfonso López de Carrizosa: «un privilegio».

Más allá de la ciudad

Jerez es destino ideal para explorar la provincia de Cadiz.

En verano podemos perdernos por sus interminables playas, como la de Bolonia. La sierra de Grazalena y su ruta de los pueblos blancos nos regalará postales de pueblos encalados, «que son una maravilla«, como Grazalema, Villaluenga o El Bosque, a solo 60 kilómetros de Jerez.

A media hora de Jerez está el mar. Podemos acercarnos a Sanlúcar de Barrameda a comernos unos langostinos. O dirigirnos al Puerto de Santa María para tomarnos unos buenos finos, visitar el Castillo de San Marcos, una fortaleza del siglo XIII mandada a construir por Alfonso X El Sabio, o vivir una experiencia gastronómica de tres estrellas Michelin en el restaurante A Poniente del chef Angel León, «una auténtica pasada», según nos cuenta Juan. El broche de oro para una escapada llena de sabor, historia, flamenco, naturaleza y buen vino.

¡Gracias Juan por todas tus recomendaciones!


¿Te gustaría descubrir Jerez? Te hemos preparado una oferta irresistible para que vivas su esencia?

  1. Me encantó el recorrido por el que me ha llevado Juan, Gracias!! Jerez sorprende y a mí me dejó un recuerdo imborrable, cuando hace unos años en Febrero descubrí una ciudad llena de Luz y Vida en pleno invierno!!

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