Itinerario literario por el Valle de Baztán

En el bosque mágico del norte de España se esconden leyendas, mitología y muchas historias por descubrir. Ven, acómodate, que vamos a contar junto al fuego acerca de un valle de aldeas donde las casas son de piedra arenisca antigua y rosácea, en las cuevas las brujas celebraban aquelarres y es el hogar de varios seres fantásticos. Una ruta por uno de los lugares más especiales del norte de España tras las huellas de lo narrado en la Trilogía del Baztán. 

Valle de Baztan
Lecaroz, Valle de Baztan. Foto: Turismo de Navarra

Baztán

Bosque salvaje. Aislado o aulaga espinosa. Todos en uno. De todas las teorías sobre la etimología de la palabra Baztán, nos quedamos, quizá, con esta última, la que para Julio Caro Baroja era la más enigmática «allí todos uno», bat han del euskera. Una forma de expresar la solidaridad que existe en este valle pirenaico del norte de Navarra. Compañerismo como forma de vida, como fuerza poderosa frente al frío, el aislamiento y los bosques insondables. Manteniendo sus bienes, que son sus costumbres y tradiciones, pero abiertos a la vida de afuera, a los viajeros de ambos lados de los Pirineos y a los peregrinos, ya que muy cerca es donde comienza el Camino de Santiago francés.

Todo viajero que decida adentrarse en el valle de Baztán, desde que comience el ascenso por la carretera de montaña custodiada por robles y hayas, percibirá el calor de una bienvenida ancestral de sus pueblos y montañas. La gama de verdes se desplegará a cada paso ya sea en primavera, otoño o verano. Quizá en invierno el toque sea blanco y el paisaje se nos vuelque dentro a través del frío húmedo. Pero, siempre es buen momento para estar en Baztán, remontarse en su historia a través de sus leyendas y cosmovisión. Sentirse parte del todo caminando por sus pueblos y caminos, dejándose llevar por el eco del bosque. 

Todo lo que tiene nombre, existe

Con esta frase, basada en una creencia popular baztanesa que recoge el libro Brujería y brujas de José Miguel de Bandarián, abre la tercera parte de los libros de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

En las aldeas del norte de Navarra no solo tienen una cultura rica en nombrar todos aquellos fenómenos que existen pero que no tienen explicación, sino que, además, la mantienen viva. Las leyendas forman parte de la esencia de la vida cotidiana, de las costumbres y creencias de los baztaneses; del rumor del río y la profundidad oculta del bosque. 

La escritora Dolores Redondo
La escritora Dolores Redondo ©Archivo de la autora

Esta especial idiosincrasia la recoge la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo. La autora recorre el valle a través de su protagonista, la inspectora de homicidios de la Policía Foral Amaia Salazar, durante la investigación de una serie de crímenes.

La vuelta al valle de Baztán, sus orígenes, hará que se sienta perseguida también por su pasado, del que trató de huir años atrás. Una ficción donde lo real y lo invisible se mezclan; donde llueve tanto que desborda; donde lo mágico —que tiene nombre y, por tanto, existe— afecta a los acontecimientos; donde se puede sentir y observar este pequeño mundo enclavado en el tiempo. 

Tras leer los libros el deseo es estar allí. Percibir las formas de las casas, tocar las piedras, sentirse protegido por las montañas. Para la escritora Dolores Redondo, el paisaje es el verdadero protagonista de la trilogía. Por lo que estas novelas conforman una muy buena guía para sumergirse en el valle y, quién sabe si en algún misterio.

Pamplona

Pamplona
Parque de la Ciudadela de Pamplona. Foto: Turismo de Pamplona

Sobre el poblado vascón de Bengoda y a orillas de los ríos Arga y Elorz, el general Pompeyo fundó la ciudad de Pompaelo en el 74 a.C. Si el viajero llega hasta aquí en avión, la capital del antiguo Reyno de Navarra será la primera toma de contacto con el sabor del norte. La inspectora Salazar y su marido James viven en la calle Mercaderes, en el casco antiguo de Pamplona. Es aquí donde comienza la primera parte de la trilogía, El guardián invisible, y nuestra ruta literaria.

Ayuntamiento de Pamplona
Ayuntamiento de Pamplona. Foto: Turismo de Navarra.

Un paseo por las calles del centro para disfrutar del sentir de la vida, de sus tabernas, librerías y pintxos. Al atravesar la Ronda del Obispo Barbazán descubriremos el conjunto de las antiguas murallas de la ciudad. Camino de la catedral de Santa María nos toparemos con el Rincón del Caballo Blanco, un balcón al río Arga y al monte San Cristobal, que nos recordará cómo fue en el medievo Pamplona por su arquitectura. Allí se encuentra la Cruz del Mentidero, ahora, la base y el fuste de lo que fue una picota que estuvo durante siglos en el mentidero de Pamplona, en la confluencia actual de las calles Navarrería, Curia, Calderería y Mañueta. 

«Amaia localizó al teniente Padua en cuanto entró en el bar Iruña de la plaza del Castillo, muy cerca de su propia casa. Era el único hombre sentado solo y, aunque estaba de espaldas, distinguió perfectamente las manchas de agua en su gabardina.

—¿Llueve en Baztán, teniente? —dijo a modo de saludo.

—Como siempre, inspectora, como siempre».

Extracto de Legado en los huesos, segunda parte de la trilogía. 

Parque Taconera
Parque Taconera. Foto: Turismo de Pamplona

Comenzamos el ascenso. Pamplona dista de Elizondo en 58 kilómetros, pero en realidad, es una longitud que separa a dos mundos muy distintos. No hay un camino mejor para llegar al pueblo de los orígenes de Amaia Salazar. Cualquier carretera sinuosa o camino secundario serán aventuras a elegir al gusto del lector. Pues cada decisión sobre dónde parar, observar y dejarse llevar por lo que acontezca son historias a seguir construyendo para cada viajero. Están los libros que nos acompañan, fieles e inamovibles; y está el viaje, que nos inspira a saltarnos las normas diarias, a descubrirnos en la inmensidad del momento. 

Valle de Baztán

Valle del Baztan
Valle del Baztán. Foto: Turismo de Navarra

«—La naturaleza nos protege —susurró, mirando alrededor y apreciando la belleza de las altas copas de los árboles que formaban a ambos lados del camino una barrera natural y umbría en la que, a pesar de que aún faltaban días para que entrase la primavera, apenas llegaba a penetrar la luz. Amaia tomó la conciencia de la poderosa energía del bosque atravesado por la carretera, que, lejos de partirlo en dos, actuaba como un certero canal linfático por donde la potencia del monte fluía como en un río invisible».

Extracto de Ofrenda a la tormenda, tercera parte de la trilogía. 

Perseguimos el rumor de las aguas de ese río invisible. Caseríos de piedras rosáceas y balcones coloreados por los pétalos de las flores que asoman comienzan a hacerse cada vez más presentes. Prados salpicados de árboles y ovejas. Saltamos del libro al lugar como si fuera un hechizo de bruja. Ya estamos aquí. 

Son quince los pueblos que conforman el valle de Baztán. El primero por el sur es Almandoz y es el que a más altura está de todo el valle —450 metros—. Almandoz es conocido como lugar de paso histórico y por sus canteras. El mármol del Kremlin de la Plaza Roja de Moscú y de la estatua de Cristóbal Colón de Barcelona proceden de esta aldea. 

Valle del Baztan
Ziga. Foto: Iñaki Tejerina

Continúa la carretera hacia Ziga donde merece la pena hacer un alto en el camino y conocer la Iglesia de San Lorenzo, conocida como la catedral de Baztán que data del siglo XVI. Camino de Elizondo, más allá de Ziga, el mirador del Valle de Baztán ofrecerá una panorámica de las montañas, caseríos y pueblos que encontraremos a continuación. 

Elizondo

Elizondo
Elizondo. Foto: Turismo Navarra

«Tres eran sus calles principales, y las tres, paralelas entre sí, componían el centro histórico de Elizondo, donde aún se levantan los grandes palacios y otras viviendas típicas de la arquitectura popular».

Extracto de El guardián invisible, primera parte de la trilogía. 

Ongi etorri a Elizondo. Población de 3 500 habitantes construida a orillas del río Bidasoa —en esta zona conocido como Baztán—, y que aquí está atravesado por distintos puentes. Sobre el muelle, una biblioteca con vistas a la presa. El sonido del río acompaña siempre a la vida. Las casas y palacios de piedras centenarias que invitan a pasar los dedos por sus rugosidades, tal y como hacía la inspectora Salazar en un ritual íntimo que le inspiraba fuerza. Estamos en el barrio de Txocoto, el centro, y en las puertas de algunas casas quizá encontremos flores de Eguzki lore —flor del sol— para evitar que se cuelen las brujas. 

Amaia Salazar vuelve al lugar donde vivió parte de su infancia, la casa de su tía Engrasi. Dolores Redondo se inspiró para armar la trama en las verdaderas historias, edificios y comercios de Elizondo. Para el remanso de paz al que regresaba la protagonista tras largas jornadas de investigación policial se basó en una de las casas más especiales del pueblo, ubicada en la calle Braulio Iriarte, que llama la atención por un arco en la entrada, las ventanas de madera y las vistas al río. Hoy, es un hostal turístico llamado Txarrenea perfecto para alojarse a los que deseen saborear aún más las novelas. En la adaptación de los libros al cine se escogió como escenario de rodaje para los interiores de esta casa un caserío de una localidad cercana, Erratzu. 

Elizondo
Barrio de Beartzun en Elizondo. Foto: Turismo de Navarra

La calle Braulio Iriarte lleva el nombre de un baztanés que emigró a México a principios del siglo XX y que en 1 922 fundó la Cervecería Modelo que más adelante comercializó la marca Modelo, Negra Modelo y Corona. Años después, regresó a Elizondo y donó dinero para la reconstrucción tras las inundaciones del hospital y la iglesia. En recuerdo a Braulio Iriarte una de las torres de la iglesia tiene pintada una espiga de cebada y una corona. 

Casi frente a la casa de la tía Engrasi, el bar Txocoto. Esta taberna fue punto de reunión de algunos de los personajes y ahora puede ser una buena parada para tomarse un patxarán, unas raciones de huevos con txistorra y queso de la zona. 

Siguiendo por la antigua calle del Sol llegaremos al edificio donde Dolores Redondo imaginó que la familia Salazar tendría su negocio familiar, el obrador Mantecadas Salazar. Es una vivienda llamada Errota Zañenea. Cerca de allí está la panificadora Baztanesa que fue el escenario donde se ubicó el obrador para rodar algunas escenas y siguen manteniendo el rótulo que se utilizó en las películas.  De camino a la iglesia pasaremos delante de la pastelería Malkorra donde podremos probar las mantecadas, el chocolate Urrakin egiña —del euskera, ‘hecho con avellanas’—o los ya populares en todo el mundo por la Trilogía de Baztán, los txantxigorris. Un dulce que el asesino del Basajaun deja sobre cada cuerpo de las víctimas de los crímenes que comete. «(…) es un pastel típico de esta zona, aunque este es más pequeño que los que suelo ver. Pero es un txantxigorri, sin duda. Manteca, harina, huevos, azúcar, levadura y chicharrones fritos para hacer una torta, una receta ancestral».

«Había anochecido cuando Amaia llegó a la puerta de la iglesia de Santiago. Empujó el portón, casi segura de que estaba cerrada, y cuando este cedió suave y silenciosamente se sorprendió un poco y sonrió ante la idea de que en su pueblo aún pudiera dejarse el templo abierto».

Extracto de El guardián invisible.

La iglesia de Elizondo en el libro es el lugar donde se celebran los funerales de las víctimas. De piedra gris y bermellón ahora está situada frente a un pequeño parque. En un principio estuvo situada en la Plaza de los Fueros, junto al ayuntamiento, pero debido a los desperfectos que sufrió en la riada de 1913 se trasladó piedra a piedra al lugar que actualmente ocupa. 

Desde la parte trasera del ayuntamiento se accede al puente de Muniartea, donde se tiene una de las mejores vistas del río. No se olviden de echar un vistazo a la casa solariega Ospitalenea, antiguo hospital medieval que atendía a los peregrinos del Camino de Santiago. Y al Trinkete Antxitonea. Y la piedra ‘botil harri’ de la plaza, que se utilizaba en el juego de laxoa, la modalidad de piedra vasca más antigua y que a Amaia Salazar le gustaba acariciar. 

«Del mismo modo que sobre las puertas de una ciudad se coloca un escudo con sus armas y sus valías, en la puerta del cementerio presidía una calavera que vigilaba desde sus cuencas vacías a los visitantes, avisándoles de que entraban en los dominios de aquel particular gobernador de la ciudad de los muertos».

Extracto de El guardián invisible de Dolores Redondo. 

Otra parada obligatoria en nuestro recorrido literario por Elizondo es el cementerio. El camino hasta llegar allí —la carretera al salir del pueblo en dirección a Francia— es muy bello. En el trayecto también se podrá encontrar la casa de Víctor, uno de los personajes, Juanitaenea.

Recomendamos las visitas guiadas que realizan dos guías de Elizondo. Se trata de dos rutas distintas, que pueden compaginarse, y que juntas suponen un recorrido muy completo de dos horas y media. 

Alrededores de Elizondo

Siguiendo la vereda del río Baztán/Bidasoa, por la zona de Fuentermosa llegaremos a uno de los lugares donde la autora sitúa el lugar donde tuvo lugar uno de los homicidios. 

«Condujo por la carretera desde Elizondo hasta Oronoz-Mugaire y tomó el desvío a Orabidea, uno de los lugares menos transitados del valle, en el que el tiempo parecía haberse detenido manteniendo intactos campos, caseríos y todo el encanto y la potencia natural de un paraje tan hermoso como feroz. Los caseríos distaban varios kilómetros unos de otros y a algunos todavía no había llegado la electricidad. Durante la primavera pasada, James la había convencido para visitar Infernuko Errota (el Molino del Infierno), uno de los lugares más mágicos y especiales de Baztán. A unos quince kilómetros por aquella carretera se llegaba hasta Etxebertzeko Borda, y desde allí partía el camino, que solo podía hacerse a pie o montado sobre los lomos de un burro, como probablemente lo habrían hecho muchas veces los que se aventuraban en plena noche a llegar al molino que daba nombre al lugar, oculto entre la espesura. El Molino del Infierno, edificado en la época carlista, fue vital para la supervivencia de los soldados que se echaron al monte durante las guerras. Construido sobre tres troncos que cruzaban el río y con paredes de madera, en los tiempos de racionamiento, las gentes de Baztán llegaban hasta allí durante la noche con sus burros cargados de grano para molerlo clandestinamente y obtener la harina con la que alimentar a sus familias. La belleza bucólica del camino debía de ser pura incertidumbre y peligro al anochecer, cuando caminar en la oscura noche de Baztán guiando a un animal por aquellos senderos estrechos y resbaladizos debido a la humedad del río y llegar hasta el molino resultaría un auténtico descenso a los infiernos. Seguramente por esto se había ganado el nombre de Molino del Infierno. En Baztán siempre se ha encontrado la manera de hacer lo que hay que hacer».

Extracto de Ofrenda a la tormenta. 

Arizkun

Arizkun Valle del baztan
Arizkun. Foto: Turismo de Navarra

Arizkun es un pueblo con una historia peculiar. Es el lugar donde vivían apartados en un barrio a las afueras del pueblo —en Bozate— los agotes. La marginación durante siglos de este grupo social —cuya discriminación pertenece a razones que aún se desconocen— les llevó a convertirse en los mejores artesanos de la región, ya que no se les permitía tener contacto con ningún tipo de ser vivo, al considerar que estaban malditos. El museo Santxotena es muy interesante para profundizar en este tema. En la iglesia del pueblo de Arizkun aún se puede ver en un lateral una pequeña puerta tapiada que era el lugar de acceso para los agotes. 

Erratzu y la cascada de Xorroxín

Desde el pueblo de Erratzu comienza la ruta hasta la cascada del Xorroxín, lugar donde nace el río Bidasoa. Son 7 kilómetros de sendero sin dificultad que se realiza en aproximadamente dos horas. Es aquí donde, según la leyenda, viven las lamias, unos seres fabulosos de apariencia femenina con pies de pato y cola de pescado.  

Amaiur

Amaiur Valle del Baztan
Amaiur. Foto: Javier Campos

Esta pequeña aldea, a la que se accede por una portalada, fue el último lugar en el que doscientos navarros, defensores del reino de Navarra, se rindieron tras una larga contienda resistiendo a las fuerzas de los Reyes Católicos a principios del siglo XVI. La última batalla fue en esta fortaleza en 1522, después Navarra se incorporó a las Españas. En una de sus colinas se aprecia un monolito que recuerda esta proeza junto a las ruinas de lo que fue un antiguo castillo. Las casas de Amaiur, construidas con la piedra roja, están colocadas cuesta arriba. 

Elbete

Es este otro pequeño enclave literario en nuestro recorrido, pues en Elbete solía veranear Valle Inclán en las primeras décadas del siglo XX. Merece el paseo por el pueblo para observar el palacio de Cabo de Armería, los de Jarola y Askoa.

Más allá del valle de Baztán

Ainhoa 

Al otro lado de la frontera se encuentra Ainhoa, el pueblo que Amaia Salazar considera el más bonito del sur de Francia. Un precioso pueblo, con caseríos bien conservados de tonos rojizos como en el Baztán. En la novela, Amaia y el equipo de investigación se desplazan hasta aquí para investigar uno de los casos.

Zugarramurdi

Zugarramundi Trilogía del Baztan
Zugarramurdi. Foto: Iñaki Tejerina

«—No hay que creer que existen, no hay que decir que no existen —dijo Engrasi citando la antigua defensa contra las brujas que fuera tan popular apenas un siglo atrás».

Extracto de Legado en los huesos.

Aunque el pueblo de las brujas, Zugarramurdi, no pertenece al Baztán, por su cercanía y lugar mágico, merece especial mención. Es aquí donde durante el Proceso Inquisitorial entre 1609 a 1614, en el auto de fe de Logroño, sentenciaron a la hoguera a ocho personas porque se habían presentado «como prueba evidente» que en ese lugar se ejercía la brujería.

Era un pueblo, anclado en las montañas pirenaicas y aislado del mundo cuyas creencias animistas habían subsistido y que la Inquisición determinó como aquelarres.

Museo de la brujería de Zugarramundi
Museo de la brujería. Foto: Turismo de Navarra
Cuevas de Zugarramundi
Cuevas de Zugarramurdi. Foto: Turismo de Navarra

Las cuevas de Zugarramurdi, a unos 200 metros del pueblo, es donde se celebraron durante siglos estas ceremonias paganas —que hoy se puede visitar junto al museo de las brujas en el mismo pueblo, edificio que antiguamente fue un hospital–. Estas cuevas siguen teniendo un halo mágico y poderoso. Son unas grutas que, efectivamente, evocan a algo mágico, como una catedral para invocar a la naturaleza. 

Urdax

A pocos kilómetros de Zugarramurdi —hay incluso un atajo para ir de una localidad a otra a pie en pleno bosque— se encuentra el pequeño pueblo de Urdax por donde discurre un río, hay casas palaciegas y un molino de agua de 1713 que sigue en funcionamiento. El monasterio de San Salvador, que se construyó como hospital de peregrinos en el siglo IX es hoy un museo de pintura y escultura contemporánea. Cerca de Urdax están las cuevas de Ikaburu y parte del trayecto del Camino de Santiago.

Señorío de Bértiz

El Parque Natural del Señorío de Bértiz es otra de las zonas boscosas más interesantes de Navarra. Este lugar de más de 2 000 hectáreas perteneció a don Pedro Ciga y fue donde introdujo 126 especies de plantas de distintos lugares del mundo. Hayas, robles, castaños… Se puede visitar el jardín botánico y existen hasta siete rutas de senderismo para adentrarse en este hermoso mundo. Es el hogar de numerosas aves, como el milano real, el buitre leonado, la lechuza común, el martín pescador y hasta siete especies distintas de pájaro carpintero. 

Elgorriaga

Localidad famosa por sus aguas curativas y saladas. Del manantial de Elgorriaga brotan las aguas de más fuerte mineralización del mundo y se puede flotar en ellas con más facilidad que en el Mar Muerto. Hoy se pueden visitar estos baños en el Hotel y Balneario de Elgorriaga. Los análisis que se han realizado confirman que la concentración de sal por litro es de 312 gramos. 

Santesteban

Cerca de Elgorriaga, el pueblo de Santesteban es famoso por sus edificaciones con entramado de madera, casas góticas y renacentistas y un puente medieval. Recomendamos hacer una parada en el restaurante Santamaría.  

Bera de Bidasoa

Es el pueblo donde los Baroja se instalaron en 1912. En la casa llamada Itzea fue donde la familia desarrolló gran parte de su obra. La biblioteca tiene más de 50 000 volúmenes. La casa, en la actualidad, no está abierta al público. 

Selva de Irati

Selva de Irati

La Selva de Irati es de visita imprescindible en todo viaje a Navarra. Con 17000 hectáreas de bosque es el segundo hayedo-abetal más grande de Europa después de la Selva Negra en Alemania. Adentrarse en esta maraña de árboles, montañas, prados y riachuelos es una puerta a otro mundo donde quizá viven seres como las lamias, la diosa Mari y el basajaun

En Baztán nada apremia. Dulce el momento allí transitado, ya sea con sol, lluvia o un cielo gris esmerilado. El valle invita a la reflexión y al disfrute. A dejarse sorprender por sus formas y colores, a aprender de su historia que sigue presente, porque, qué somos si no un cúmulo de pasados en continua construcción de momentos.  


Alba Cantón es periodista y trotamundos. Su pasión por los libros le ha llevado a fundar la editorial de literatura de viajes ‘Itineraria‘, donde invita a viajar a través de la lectura y la imaginación.

Fotografías cedidas por el Servicio de Marketing e Internacionalización Turística del Gobierno de Navarra


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