La Medina de Marrakech, siente su embrujo

La Medina de Marrakech es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Un lugar ideal para descubrir la historia de la ciudad roja, la forma de vida de sus habitantes, su gastronomía, costumbres y oficios tradicionales.

Prepárate para viajar en el tiempo. Deja atrás tus prejuicios y déjate seducir por el embrujo de la Medina de Marrakech.

Plaza Jemaa el Fna al atardecer

Plaza Jemaa el Fna, el teatro de la vida

La Medina de Marrakech es un lugar fascinante donde uno siente que viaja en el tiempo cuando se adentra por una de sus puertas, que nos sumergen en un micromundo donde oficios ya extiguidos y pasajes centenarios conviven con las antenas parabólicas, el wifi y los móviles de última generación.

Comenzamos nuestro recorrido por la Plaza Jemaa el-Fna. Un lugar declarado Patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco en 2008, por ser «uno de los principales espacios culturales de Marrakech y un símbolo de la ciudad desde su fundación en el siglo XI. Presenta una concentración excepcional de tradiciones culturales populares marroquíes que se expresan a través de la música, la religión y diferentes disciplinas artísticas«.

Medina de Marrakech Plaza Jemaa el Fnaa

A lo largo del día la Plaza está animada, pero es al caer la tarde y por la noche cuando alcanza su máximo esplendor con cientos de personas abarrotando los puestos de comida y haciendo corros alrededor de las diferentes actuaciones. A lo largo de toda la plaza, músicos, encantadores de serpientes, bailarines, tatuadoras de henna, cuentacuentos venidos de otros tiempos.. interpretan cada tarde su magistral interpretación. Un ambiente mágico que atrae a locales y turistas.

Plaza Marrakech
Tatuadora de henna
PLaza Jemaa el Fnaa

Tratar de fotografiar este ambiente con tu cámara te puede salir caro, ya que de la nada saldrán personas que te exigirán una propina por captar su imagen. Así que si quieres disfrutar del ambiente sin tener que estar regateando, pasea sin móvil ni cámara a la vista, o toma posiciones en una de las terrazas que la rodean y contempla el espectáculo sin agobios mientras tomas una bebida.

Riads, dormir en medio de la Medina de Marrakech

La Medina de Marrakech esconde muchas sorpresas tras sus muros de adobe. Al otro lado de una puerta humilde se puede esconder un exquisito riad o un elegante restaurante, así que no hay que perder la oportunidad de atravesarlas.

Alojarse en un riad, casas convertidas en alojamientos, en medio de la Medina, nos permite disfrutar de la hospitalidad marroquí y vivir una experiencia más auténtica en nuestro oasis en medio del bullicio de la Medina. Los hay para todos los bolsillos, desde fantasías de las Mil y una noches, hasta riads más populares. Muchos de ellos están regentados por extranjeros.

Riad en la medina

Las habitaciones, cuidadosamente decoradas, se suelen repartir alrededor de patios en los que el agua juega un papel fundamental. Fuentes o albercas refrescan el ambiente y las rosas o el azahar lo perfuman.

Volver al riad después de un paseo por las bulliciosas callejuelas de la Medina es un bálsamo para los sentidos. El mundo real queda fuera y nos adentramos en un universo de calma. Con un vaso de dulce té entre las manos, escuchando el sonido del agua, nos relajamos y procesamos todo lo visto en el día.

Te en Marrakech

Hammam, un ritual inolvidable

Cuando paseemos por el zoco encontraremos que en muchos puestos venden una pasta de color oscuro. Se trata del jabón negro, hecho con aceite de oliva, sosa y cenizas, que forma parte imprescindible de su ritual de limpieza.

Los locales lo compran a granel para llevarlo a su cita semanal en el hammam. Las familias acuden semanalmente a la casa de baños para llevar a cabo el ritual de higiene con el que se preparar para el día de la oración. Los hombres y las mujeres tienen salas separadas y acudir a ellos se convierte en un acto social, ya que mientras se asean se ponen al día con sus amigos y vecinos.

Pasta de jabon negro

A los visitantes, la experiencia del hammam nos introduce en un mundo de sensualidad y relax. Que te reciban con un té caliente, entrar en una sala llena de vapor, dejarse empapar con cubos de agua fría y caliente, que te froten el cuerpo con un guante de crin con jabón negro con aroma a eucalipto, y que finalmente te masajeen de pies a cabeza con aceite de argan y te perfumen con ambar, es una experiencia que a muchos puede desconcertar pero que, si te dejas llevar y te relajas, se convertirá en uno de los momentos inolvidables de tu viaje. Si lo logras, estarás pensando en repetir nada más terminar.

Hammam

De compras por el zoco

Quieras o no comprar, tienes que perderte por las callejuelas del zoco de Marrakech.

Mas allá de los puestos generalistas situados cerca de las puertas de la Medina, el zoco se va especializando según avanzamos hacia el interior. Descubrirás que dentro de este enorme mercado caben muchos zocos: el de los tintoreros, el de forja y metal, el de curtidos y pieles, el de las especias…

Mercado de las especias

El brillante colorido de las alfombras y los tintes, el olor de los cueros y las especies, el brillo de los metales…harán que tus sentidos estén alerta a cada paso.

Los vendedores te invitarán a un té y comenzará el regateo. Hay que estar ágil para seguirles el juego. El regateo forma parte de su cultura. Si te interesa verdaderamente lo que vas a comprar, juega su juego y puede que llegues a un acuerdo. Hay veces que se gana y otras que se pierde, pero te llevarás a casa un objeto que te recuerde a este viaje.

Podrás descubrir el trabajo que hay detrás de cada objeto, observando a los artesanos que encuentres trabajando a la puerta de sus talleres. Sus manos te hablarán de las horas de trabajo que tiene cada pieza.

Pese a que el el zoco de Marrachech encontrarás a muchos turistas, este es también el lugar en el que los locales hacen sus compras, así que tienes la oportunidad de ser testigos de sus costumbres. Las estrechas callejuelas suelen estar llenas de gente, carros, motos, bicicletas.. así que hay que estar alerta, porque la vida transcurre muy rápido a nuestro alrededor.

Rincones para respirar

El ritmo trepidante del zoco puede ser un poco saturante, pero siempre hay rincones para que escapar del bullicio.

Madraza Marrakech

La Madraza Ben Youssef, una escuela coránica del siglo XVI, es un buen lugar para disfrutar de un rato de tranquilidad mientras admiras la increíble decoración de su patio de abluciones, sus azulejos, artesonados y puertas. Una de las visitas imprescindibles de Marrakech.

Muy cerca de allí encontrarás el monumento más antiguo de Marrakech, la Koubba. Único ejemplo sobreviviente de arquitectura almorávide de la ciudad. Esta edificación, de 1117, era la sala de abluciones de la mezquita.

Los almorávides fundaron Marrakech en el siglo XI, construyendo una gran capital amurallada con jardines, y magníficos palacios y mezquitas, de los que sólo nos queda como ejemplo la Koubba.

Y no puedes dejar de admirar otro de los iconos de Marrrakech, la torre de la mezquita de la Koutobia. Con sus 72 metros de altura es el edificio más alto de la Medina y no se permite construir nada que lo supere. Los no musulmanes tienen prohibido el acceso a las mezquitas de la ciudad, así que tendremos que conformarnos con admirar desde fuera la torre que inspiró la construcción de la Giralda.

Y así sin darnos cuenta hemos vuelto a nuestro punto de inicio, la Plaza Jemaa el Fnaa. Donde los vendedores volverán a montar sus puestos al atardecer, las tatuadoras de henna se prepararán para teñir las manos de turistas que quieren llevarse un recuerdo a casa, y los contadores de cuentos volveran a seducir a sus espectadores con historias que aprendidas de sus mayores. El espectáculo de la vida se volverá a representar en esta plaza un día más, pero nosotros ya habremos caído rendido bajo su embrujo.

Plaza Jemaa el Fnaa

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