Saramago en Lanzarote, principio y fin del mundo

¿Son los lugares los que logran transformar a la persona sensible que los observa, como una fuerza ajena, evocadora y extraña?

Saramago en Lanzarote

José Saramago decía que el mundo exterior a nosotros sería una especie de prolongación de nuestro mundo interior y tan variable el uno como el otro.

«Un espejo siempre cambiante de nuestras emociones, del mismo modo que ya solo es, y nunca más lo será, aquello que nuestros sentidos sean capaces de aprehender de él. Todo es según lo que somos, todo será según lo que sintamos».

Saramago en Lanzarote

Podemos acercarnos a saber cómo se sentía José Saramago en sus primeros días y paseos en Lanzarote. Lo compartió con sus lectores a través de unos diarios, ‘Cuadernos de Lanzarote’, donde quedaron anotadas cotidianidad, reflexiones e ideas para una obra literaria que se ensanchaba sin límites en la isla volcánica.

«El placer profundo, inefable, que es andar por estos campos desiertos y barridos por el viento, desnudarse de la camisa para sentir directamente en la piel la agitación furiosa del aire, el espíritu entra en una especie de trance, crece, se dilata, va a estallar de felicidad. ¿Qué más resta, sino llorar?».

José Saramago, «Cuadernos de Lanzarote»
Saramago en Lanzarote
Foto: Casa Museo José Saramago

Su sentimiento hacia Lanzarote, apreciando el tiempo que habían necesitado sus volcanes y montañas para poder tener el aspecto actual del paisaje que hoy vemos fue determinante en la transformación de la escritura del escritor portugués. Una pequeña isla en medio del Atlántico hizo que una de las miradas más generosas y lúcidas de la literatura se volviera un faro universal donde la humanidad pudiera hallar respuestas y aliento.

Tras la polémica con la publicación de ‘El Evangelio según Jesucristo’ y la negativa del gobierno portugués que impidió la participación del libro en el Premio Literario Europeo en 1991, José Saramago y su compañera Pilar del Río se mudaron de Lisboa a Lanzarote a principios de 1993. Construyeron ‘una casa hecha de libros’ en Tías, un espacio en familia abierto al mundo, a los amigos. Lanzarote como punto de encuentro entre el norte y el sur, su ‘Balsa de piedra’, el lugar que le dio la fuerza para llegar más profundo a las conciencias y al corazón de los lectores.

«Dentro del cráter roto de El Cuervo, sin darnos demasiada cuenta, muchas cosas se tornan insignificantes. Un volcán apagado, silencioso, es una lección de filosofía».

José Saramago, «Cuadernos de Lanzarote»
Jose Saramgo en el Volcán del Cuervo en Lanzarote
Foto: Casa Museo José Saramago

El paisaje volcánico de Lanzarote convulsiona el alma y a la vez la apacigua. El escritor portugués disfrutaba de pasear por los campos de lava, observaba las piedras como si en ellas se encontrara el inicio del mundo. «Todo puede ser contado de otra manera», como decía, y fue a lo largo de esos paseos, de los colores, luces y sombras de un paisaje en continuo movimiento moldeado por los alisios que descubrió la necesidad de expresarse distinto. Su escritura se volvió más pura y directa. La literatura debía ser como la belleza de Lanzarote, sin grandes descripciones, sin vegetación. Tan solo la montaña, el viento, la fuerza del océano para ir más allá de la superficie a través de las palabras. No escribir acerca de una estatua, sino sobre la piedra de la que la estatua está hecha.  

Volcan y lava, Saramago en lanzarote

«Entrar en el interior de la piedra, en lo más profundo de nosotros mismos, es un intento de preguntarnos qué y quiénes somos. Y para qué. Probablemente no existe una respuesta. Y si existiera seguramente no sería yo la persona capaz de darla. Si somos así, que cada uno se pregunte porqué».

José Saramago, «Cuadernos de Lanzarote»

La primera novela que escribió en Lanzarote fue Ensayo sobre la ceguera’, en la que José Saramago enfrenta al lector a la posibilidad de una epidemia de ceguera que asola el mundo. Fue la primera de una serie de alegorías filosóficas donde cuestionó el estado del mundo, una declaración poética de un ser humano que actuó y vivió como ciudadano responsable y comprometido con los valores universales y los Derechos Humanos.

Cuenta José Saramago en sus ‘Cuadernos de Lanzarote’ sobre una visita que hicieron con unos amigos al Mirador del Río. Una gran nube les impidió ver la isla de La Graciosa desde el risco de Famara, y eso le hizo decidir que la ceguera de su novela sería blanca, como ‘un mar de leche’.

Saramago en Lanzarote

«El ciego alzó las manos ante los ojos, las movió, Nada, es como si estuviera en medio de una niebla espesa, es como si hubiera caído en un mar de leche, Pero la ceguera no es así, dijo el otro, la ceguera dicen que es negra, Pues yo lo veo todo blanco».

José Saramago, ‘Ensayo sobre la ceguera’.

En los dieciocho años que José Saramago vivió en Lanzarote realizó un trabajo incansable. Escribió prácticamente la mitad de su obra y en 1998 su trabajo fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura. Las invitaciones para ofrecer conferencias y los viajes se multiplicaron, pero al volver a Lanzarote, a ‘A Casa’ —que hoy recibe visitas de lectores de José Saramago desde todas partes del mundo—, tenía la «sensación intensísima de estar regresando a casa».

«Lanzarote es como si fuese el principio y el fin del mundo»

José Saramago
Saramago en Lanzarote

Alba Cantón es periodista y trotamundos. Su pasión por los libros le ha llevado a fundar la editorial de literatura de viajes ‘Itineraria‘, donde invita a viajar a través de la lectura y la imaginación.

Agradecimientos: Casa Museo José Saramago


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