Descubriendo los pueblos más bonitos de Cantabria

Si hay algo de lo que Cantabria puede presumir es de tener muchísimos pueblos bonitos. Pintorescos pueblos de cuidadas casas, balcones floridos y calles empedradas. La lista es interminable pero hoy te vamos a mostrar los seis pueblos que se encuentran entre los más bonitos de España: Santillana del Mar, Bárcena Mayor, Potes, Liérganes, Mogrovejo  y Carmona.

Hoy te invitamos a dar un paseo por estos pueblos llenos de historia y enclavados en plena naturaleza.

Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras

Se dice que Santillana del Mar es la villa de las tres mentiras, ya que ni es santa, ni es llana, ni tiene mar.

Tierra de romanos y visigodos, la villa tiene su origen en la construcción de un monasterio en honor a Santa Juliana, en el siglo XIX, que fue ganando en importancia gracias al favor de los Reyes y del Camino de Santiago.

Sobre las ruinas de este monasterio, en el siglo XII se construyó la Colegiata de Santa Juliana, cuyo claustro es la joya del románico cántabro. Tiene varios añadidos y reformas de los siglos XVI y XVII.

En los siglos XIV y XVII sus calles se fueron llenando de casas blasonadas y palacios, como la Casa de los Hombrones, el Palacio de los Velarde o el de Peredo Barreda.

Sin duda, Santillana del Mar es uno de los pueblos más bonitos de Canatabria. Pasear por sus calles adoquinadas es un paseo por la historia. Una villa en la que encontramos arquitectura medieval, renacentista y barroca, que la convierten en una experiencia única para los amantes de la historia del arte y la arquitectura.

El paseo por Santillana ha de terminar parándose en una de sus casas adornadas con flores para degustar un vaso de leche recién ordeñada y un sobado pasiego.

A dos kilómetros de aquí se encuentran las Cuevas de Altamira, descubiertas en 1879 y que convirtieron a esta zona en la capital mundial del arte paleolítico.

Actualmente se puede visitar el Museo de Altamira y la Neocueva (hay que pedir previa cita), una recreación de la cueva original en la que poder contemplar la réplica de sus dimensiones originales y de las pinturas rupestres que allí se encuentran. La cueva de Altamira es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto a las cuevas de El Castillo, Las Monedas, Las Chimeneas, La Pasiega, La Garma, Covalanas, El Pendo, Hornos de la Peña y Chufín. Para visitarlas has de realizar reserva on-line previamente.

Bárcena Mayor, un pueblo con solera

En el interior del Parque Natural del Saja- Besaya se encuentra este pintoresco pueblo de cuento, Barcena Mayor.

Rodeada de los Montes de Cantabria, en un entorno que ha permanecido inalterado a través de los siglos, se encuentra este núcleo poblacional perfectamente conservado en el que podemos disfrutar de la arquitectura tradicional de montaña, calles empedradas, lavaderos y hornos originales… Un viaje en el tiempo a la forma de vida montañesa.

En sus casas de piedra podemos observar las solanas donde secaban el maíz, ahora llenas de geranios que las llenan de color. Este es un pueblo de campesinos, sin palacios, ni lujos. Se dice que es uno de los pueblos más antiguos de España y que fue construido en el siglo IX. 

Para disfrutarlo, tan solo hay que perderse por sus calles de piedra y observar sus balcones floridos, los diferentes tipos de casas adaptadas al terreno, visitar la iglesia, asomarse al río o darse un paseo por los cuatro senderos que parten desde aquí y que nos invitan a adentrarnos en la naturaleza de la zona.

Para terminar la visita, un cocido montañés y una quesada de postre, y ¡directos a la siesta!

Potes, capital del turismo rural

El pueblo de Potes, Capital del Turismo Rural de 2020, es el punto de partida ideal para explorar la comarca de Liébana.

Su ubicación entre montañas hace cuente con un microclima más cálido y seco, por lo que se convierte en un lugar ideal para disfrutar tanto en invierno como en verano.

Un lugar con diez siglos de historia, escenario de las disputas medievales entre los Mendoza y los Manrique. El Marqués de Santilllana, guerrero e intelectual, se hizo con el control de Potes y su familia ocupó la Torre del Infantado durante mucho tiempo. Esta torre, del siglo XVI,  es una de las más importantes y posee una peculiaridad, ya que dispone de un patio interior que da luz a sus estancias, a modo de las torres italianas.

Potes, es la villa de los puentes y las torres. Perderse por sus callejuelas admirando sus casas con blasones, subir a sus torres, que guardan valiosos manuscritos y nos deleitan con vistas panorámicas, o pasear junto al río bajo sus antiguos puentes, son algunos de sus atractivos.

Además de su ubicación, su historia y su arquitectura, la gastronomía es otro de sus puntos fuertes. No se puede ir uno de Potes sin probar el Cocido Lebaniego, las carnes de ganadería o caza mayor, las truchas o salmones del Deva.

Cada lunes se realiza en la plaza el mercado de agricultores y productores artesanales de la comarca. Una cita imprescindible para adquirir los mejores productos de la zona.

Además de los atractivos que encontramos sin salir del pueblo, a solo dos kilómetros tenemos uno de los cuatro lugares santos del cristianismo, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, final del camino Lebaniego.

A 27 kilómetros de Potes se encuentra el Teleférico de Fuente Dé, que salva el nivel de 800 metros para subir a los Picos de Europa, donde se disfruta de unas vistas maravillosas y comienzo de travesías de montaña inolvidables.

Mogrovejo, un pueblo de cuento

Si hay un pequeño pueblo de cuento este es Mogrovejo, el balcón de Picos.

En un entorno espectacular, con el Macizo Oriental de los Picos de Europa como telón de fondo, este pueblo te transporta a un mundo idílico.

Hace unos años se convirtió en escenario de la película “Heidi, la reina de las nieves”, en donde se ubicó la casa de Pedro.

Pasear por sus calles empedradas de casonas de piedra te hace revivir la sencilla vida de los pueblos de montaña.

En una de sus casas se puede visitar en los meses de verano el Museo de la Escuela Rural. Un lugar en el que reconocer el papel determinante que de los maestros rurales, que suplieron la falta de medios con dedicación y entrega.

Al final del pueblo sobresale la torre, construida a finales del siglo XIII por los señores de Mogrovejo, los cuales ya eran una familia distinguida en 1248, cuando el rey Sancho les concedió el monasterio de San Martín de Mogrovejo.

Un pueblecito de cuento del que salen rutas que te adentran en bosques de robles, acebos y castaños. Un lugar para perderse.

Liérganes, historia y leyenda

El pueblo de Liérganes, capital del municipio del mismo nombre, atesora 500 años de arquitectura y una leyenda, la del Hombre-Pez.

 Liérganes es un pueblo precioso, considerado conjunto-histórico artístico desde 1978, con un importante patrimonio histórico, un balneario y casonas de piedra, decoradas con geranios, que hablan de su época de esplendor en los siglos XVII y XVIII. Pasear por las calles empedradas del barrio de Mercadillo te hará viajar en el tiempo.

Por sus calles encontramos muestras de arquitectura barroca, clasicista, imponentes mansiones de indianos, construidas para impresionar, e interesantes ejemplos de arquitectura religiosa. La fábrica de artillería fue durante muchos años el motor económico de la zona. Tras su cierre, Liérganes se convirtió en un lugar de descanso de la burguesía, que acudía a su balneario y sus hoteles.

Junto al río Miera encontramos la escultura que recuerda la increíble historia del Hombre Pez, Francisco de la Vega Casar, que desapareció en 1674 cuando nadaba en este río. Tras haber sido dado por muerto, apareció cinco años después en la costa de Cádiz con el cuerpo cubierto parcialmente de escamas y sin habla. La única palabra que fue capaz de articular fue «Liérganes», su pueblo natal. Cuenta la leyenda que lo llevaron de vuelta a su casa y que permaneció en silencio y taciturno hasta que logró escaparse al mar y desaparecer para siempre.

Carmona, ritmo de aldea

Carmona está enclavado en un paisaje de postal. Ya por el siglo VIII las élites visigodas se refugiaron en los montes que rodean a Carmona huyendo de la invasión árabe.

El trascurrir de los años, la lucha por el poder han ido dejando huellas en esta típica aldea cántabra, de hermosas casas de piedra, entre las que sorprende encontrar una construcción como el Palacio de los Mier, del S.XVII, con el que sus propietarios quisieron mostrar su poderío.

En sus calles empedradas, construcciones realizadas con el dinero que llegaba desde América y que enviaban los indianos, aquellos cántabros que emigraron e hicieron fortuna en el siglo XVIII. Ejemplo de ello es la Iglesia de San Roque y la Ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, que se construyeron por encargo del indiano Pablo Fernández Calderón.

Carmona es un aldea pequeña, rodeadas de terrenos destinados a la agricultura y a la cría de la vaca tudanca. En sus calles aún se respira tranquilidad y sosiego. El que encontraron los propietarios del Hotel Boutique Rural La Infinita, que dejaron su vida urbana por este lugar, y del que disfrutan los artesanos que tallan sus maderas en los soportales de sus casas. Un lugar en el que sentir el auténtico ritmo de vida de una aldea.


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