Verano con acento francés en Lille, Marsella y Toulouse

Con tantas ganas que tenemos de cambiar de aires y de volver a viajar, ¿qué te parecería disfrutar de unos días del verano en Francia?

Te llevamos en vuelo directo desde Canarias a tres ciudades francesas, Lille, Toulouse y Marsella para disfrutar nuestro país vecino por el norte, el sur y el este.

Descubrirás que Francia es mucho más que París y que cada región tiene una personalidad única que te cautivará.

Cet été, nous allons en France!

Antes de viajar a Francia

El 9 de Julio Francia abrió de nuevo sus fronteras al turismo estableciendo unas condiciones para el acceso de los viajeros al país según su país de origen.

Los pasajeros provenientes de los países de la Unión Europea que cuenten con certificado de vacunación, no deberán de someterse a medidas sanitarias.

Las personas de once años o más que no estén vacunados tendrán que presentar un test PCR o de antígenos con resultado negativo realizado menos de 72 horas antes de la salida.

Puedes consultar la web para actualizar la información antes de tu viaje.

Volvamos a viajar con seguridad.

Lille,  una ciudad fundada por gigantes

Grand Place de Lille
Grand Place de Lille

Cuenta la leyenda que Lille fue fundada por los gigantes Lyderic y Phinaert…

Lille, situada en el norte de Francia cerca de la frontera con Bélgica, se comenzó a desarrollar alrededor del castillo situado en una de las islas del río Deûle y los primeros documentos que hablan de ella datan de 1066.

La ciudad de Lille fue flamenca, borgoña y española antes que Louis XIV la conquistase en 1667 y la anexionase a Francia.  Binter vuela a Lille todos los lunes y jueves, por lo que puedes diseñar tu escapada para 3 o 4 días o una semana.

Comenzamos la visita con un paseo con su casco histórico. Calles estrechas y empedradas con casas flamencas de ladrillos rojos, animados cafés en los que hacer una parada, elegantes restaurantes en los que disfrutar de la exquisita gastronomía francesa y numerosos edificios históricos en los que descubrir la historia de la ciudad.

Alrededor de la Grand Place se encuentran varios de los edificios más importantes de la ciudad: la Ópera, edificio neoclásico, y la antigua Bolsa de Valores, ejemplo del barroco flamenco, en cuyo patio hay tiendas, cafés y un animado mercadillo los fines de semana. En la calle de atrás la Cámara de Comercio tiene un mirador desde el que se disfrutan de las mejores vistas del centro. No dejes de subir a él.

De camino a la casa natal del presidente Charles De Gaulle, nos encontraremos con el Museo del Hospice Comtesse, que alberga una interesante colección de muebles y obras de arte para entender la vida en Lille,  y la Catedral, intervenida en 1999 por el arquitecto Pierre Louis Carlier, que cuenta en su tramo central con una ojiva de 30 metros revestida por 110 láminas de mármol que dotan al interior de un cálido velo rosa. La puerta principal es obra del escultor judío Georges Jeanclos. En su interior se atesora la estatua milagrosa de Notre Dame de la Treille, venerada desde la Edad Media.

A un paseo de allí encontramos la Citadelle, la fortaleza de la ciudad rodeada de un agradable parque, el Bois de Boulogne y de un zoo.

Euralille es la parte moderna de la ciudad, junto la estación del tren de alta velocidad que conecta con el Reino Unido y el resto de Europa. Encontramos edificios firmados por prestigiosos arquitectos contemporáneos: Jean Nouvel, Christian de Portzampare o Claude Vascom.

Los amantes de la arquitectura contemporánea y el arte tienen que apuntar en su agenda algunas visitas que les sorprenderán, como la Villa Cavrois, obra del arquitecto Robert Mallet-Stevens, con consideración de monumento histórico, o la Piscine, situado en Roubaix, un museo de artes aplicadas y Bellas Artes situado cuyas piezas se exponen alrededor de una piscina art decó de 1932.

A 20 minutos de Lille se encuentra LaM, museo de arte moderno y contemporáneo de Lille, con una prestigiosa colección de obras de arte moderno y la única colección de arte bruto que se exhibe junto con obras de arte moderno y contemporáneo.

Sin salir de la ciudad, a unos pasos del campanario más alto de Europa, el Beffroi de Lille, con un estilo que mezcla el art decó con estilo flamenco, se encuentra el Palacio de Bellas Artes, uno de los museos franceses más importantes, con una prestigiosa colección de pintura europea, entre las que se incluyen obras de Rubens, Van Dyck, Goya o Delacroix.

El interior de la Iglesia desacralizada de Sainte Madaleine sorprende, con la obra «Dios Hambriento» del artista indio Subodn Gupta.

Lille nos sorprenderá por su mezcla de historia y modernidad.

Marsella, la puerta a la Provenza y la Costa Azul

Marsella verano en Francia
Puerto viejo de Marsella

Marsella es una ciudad con mucha historia. Fundada hace 2600 años por los griegos provenientes de Focea es ciudad multicultural que cuenta con uno de los tres puertos más importantes de Europa.

Es la ciudad más grande de Francia después de París. Su cerca de un millón de habitantes se reparte en 16 barrios, que cuentan con ambiente de auténtico pueblo, como el barrio histórico de Panier, situado junto al viejo puerto.

El viejo puerto nos da la bienvenida a Marsella. Es el lugar en el que se fundó la ciudad y en el que se palpa su ambiente marinero. Dónde se mezclan los marselleses con los turistas y dónde se celebran las victorias de su equipo, el Olympique de Marsella. Pasea entre los puestos de pescados y mariscos, siéntate en uno de sus bares para disfrutar del ambiente mientras saboreas un pastís y espera al atardecer.

El viejo Fort Saint Jean nos recibe desde el mar, junto con el MuCem, el vanguardista Museo de las civilizaciones del Mediterráneo, diseñado por el arquitecto Norman Foster. Modernidad y tradición se dan la mano para adentrarnos en el crisol de culturas del Mediterráneo.

Detrás de ellos llama nuestra atención la imponente Catedral de la Major. Una de las mayores iglesias del mundo, construida en el siglo XIX en estilo bizantino.  Su tamaño refleja la importancia que tenía este puerto en aquella época. Visitarla es uno de los imprescindibles de nuestra visita a Marsella.

Subir por las empinadas calles del barrio antiguo de Panier nos adentrará en el espíritu de la vieja Marsella. Sobre estas laderas se fundó la primigenia Massalia griega. Calles estrechas, flanqueadas por edificios de 4 ó 5 pisos para aprovechar el espacio, que se convierten en escaleras que quitan la respiración. Por el camino encontraremos algunos de los vestigios del pasado medieval de la ciudad, como la Vieille-Charité, construida en el siglo XVII para acoger a los pobres y mendigos de la ciudad y que ahora es una reliquia arquitectónica y polo cultural de la ciudad. Y muchas tiendas, pequeños bistrós y talleres de artesanos… un lugar para callejear y perderse.

Para disfrutar de las mejores vistas de Marsella tenemos que subir hasta la Basílica de Notre- Dame de la Garde. Podemos ascender a pie por los senderos que rodean la colina, en autobús o en el pequeño tren turístico. Al llegar a la cima encontraremos este lugar de peregrinación con su imponente imagen de la virgen María, protectora de la ciudad, bañada en oro, y tranquilidad para escapar por un rato del bullicio del centro.

Si buscamos descubrir la cara más provenzal de Marsella hemos de visitar el coqueto puerto de Vallon des Auffes, que conserva un ambiente de pueblo pesquero. El lugar ideal para disfrutar de una bullabesa en sus restaurantes mientras observamos el trajín de los pescadores.

A través de los mercados de la ciudad podemos conocer mejor a sus habitantes. El Marché de Noailles nos adentrará en un viaje al norte de África, lugar de origen de muchos de los residentes en Marsella.  Entre especies e ingredientes exóticos no faltarán la lavanda, el jabón de Marsella y el aceite de oliva virgen de la región.

Si quieres coger perspectiva y ver Marsella desde el mar, coge uno de los barquitos que te llevan al Castillo de If, situado en una pequeña isla del archipiélago de Frioul. Esta fortaleza fue prisión y Alexandre Dumas la empleó en su novela El Conde de Montecristo para encerrar a dos de sus personajes. 

Marsella es una ciudad multicultural, cosmopolita y lleva de vitalidad en la que no te aburrirás, pero si quieres un poco de tranquilidad, visita sus alrededores.

A pocos kilómetros de la ciudad encontrarás lugares únicos para desconectar del mundanal ruido. El Parque Nacional de las Calanques te adentrará en la belleza de la Costa Azul, con sus calas de arena blanca y aguas turquesas entre acantilados.

Los campos de lavanda de Valensole, a poco más de una hora de la ciudad, te sumergirán en la imagen más idílica de la Provenza. Un paseo por el pueblo natal de Paul Cezanne, Aix-en-Provence, te invitará a repasar su obra en busca de sus fuentes de inspiración.

Binter vuela a Marsella todos los viernes. Te espera una semana al borde del Mediterráneo explorando Marsella, la Provenza y la Costa Azul. 

Toulouse, la ciudad palpitante

Verano en Francia
A orillas del Rio Garona en Toulouse

Toulouse es una ciudad que entra por los ojos. Sus edificios de ladrillos de terracota de tonos que van desde rosa al naranja; el azul del glasto, el tinte que dotó de riqueza a sus habitantes durante el Renacimiento;  y el violeta de su flor emblemática. Todo es color en esta ciudad que se jacta de saber vivir.

Una ciudad con mucha historia habitada por gente joven  que disfruta al aire libre en sus terrazas y bares, sus jardines y parques, a orillas del río Garona o del Canal du Midi, 240 kilómetros de vía fluvial navegable que unen la ciudad con el Mediterráneo. Uno de los tres lugares Patrimonio de la Humanidad de Toulouse, junto a la Basílica de Saint Sernin, la mayor basílica románica aún en pie en Francia, y el Hôtel Dieu, una de las etapas fundamentales del Camino de Santiago francés.

La ciudad que cautivará a los  amantes de la aeronáutica y el espacio. La Ciudad del Espacio es el sueño hecho realidad de todos aquellos que aspiran a vestirse de astronautas. Y el Museo Aeronáutico Aeroscopia de los que sueñan con pilotar un avión. Un recorrido por la historia de la aviación en el que contemplar de cerca los aviones más legendarios, incluyendo dos Concordes.

La Aeropostale, la compañía en la que pilotaba Antoine de Sant-Exupéry, el autor de El Principito, tenía su sede en Toulouse, y la habitación de hotel en la que se quedaba se conserva tal cual para aquellos que quieran vivir la experiencia de alojarse en ella.

Toulouse no es solo la ciudad del espacio, sino también de la fantasía. En el Halle de la Machine encontrarás magníficas máquinas de atracciones diseñadas por François Delaroziere y la Compañía La Machine, que harán las delicias de grandes y pequeños.

El centro histórico de Toulouse es un museo al aire libre. Durante el Renacimiento la ciudad vivió su Edad de Oro. El comercio del glasto, un tinte natural que se usaba para teñir las telas de azul, el color de la realeza y los nobles, hizo que muchas familias acumularan grandes fortunas y que construyeran magníficos palacetes para mostrar su estatus, como el de Assézat ( en cuyo interior encontrarás una colección de Arte de la Edad Media), de Clary,  de Vieux-Raisin, Dahus o Chevaliers de Saint-Jean-de-Jérusalem. Más de 200 palacios que te irás encontrando por la ciudad mientras callejeas y que son una excelente muestra de este estilo arquitectónico.

Pero la joya del Renacimiento en Toulouse la encontramos en el Capitole, un edificio con plaza, en donde se sitúa el Ayuntamiento y el Teatro del Capitole. En su interior, encontraremos un pequeño Versalles, con cuadros majestuosos y lujosos ornamentos dorados. En sus alrededores, numerosos y animados bares en los que degustar un vino de la región.

Toulouse cautiva también por el estómago. Con sus 10 estrellas Michelin, sus pasteles de origen romano, sus vinos de la cepa local de la Négrette, sus quesos, chocolates, carnes y foie. Y cuenta con el mejor bar de vinos del mundo, el Nº5 Wine Bar. ¡Habrá que probarlo!

Hay muchas razones para visitar la capital de la Occitania y todas tienen que ver con el disfrute. Atrévete a disfrutarla. Binter vuela a Toulouse cada martes y sábado.

Cet été, nous allons en France!

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