Eléctrico 28, o un Tranvía llamado Lisboa

En ciento cinco años de vida el emblemático Eléctrico 28 ha visto crecer la mágica Lisboa a la orilla del Tajo. En ninguna otra ciudad de Europa un tranvía ha sobrevivido con tanta vigencia y emociones. Ni buses, ni coches, ni los novísimos Tuk Tuk, han conseguido eclipsar la utilidad de este romántico transporte lleno de historias. Las calles estrechas y empinadas conspiran para mantener la mítica carrera de un tranvía que es todo deseo.

Tranvía 28 en la plaza de Chiado en Lisboa
Eléctrico 28 a su paso por Chiado. Foto: Patri Cámpora

El viajante observa la ciudad a un ritmo lento, acompasado, lo que permite hacer fotografías con mayor facilidad y hasta regodearse en los ángulos para una toma especial. En ocasiones, algunos coches son estacionados indebidamente y el tranvía queda varado algunos minutos, hasta que el desatento chófer aparece para desbloquear la calle. No ocurre siempre, pero pasa con frecuencia. Es en este momento en el que algunos deciden bajar y caminar por las intrincadas callejuelas lisboetas, mientras otros pasajeros esperan pacientemente retomar el itinerario. Esta situación confiere sorpresa y alimenta lo pintoresco del trayecto. Pero no puedo olvidar su lado menos glamuroso, por estar siempre atestado de turistas, los ladronzuelos no faltan. En resumidas cuentas, apearse en cualquier parada y aventurarse en una Lisboa, aún castiza y auténtica, es una especie de conquista. 

Vistas desde interior tranvía 28 en Lisboa
Tranvia 28 en Chiado, Lisboa
Eléctrico 28 a su paso por Chiado. Foto: Patri Cámpora

Viví muchos años en el Barrio de las Colonias, llamado así por los nombres de sus calles, Rúa de Mozambique, Rua de Angola, Rua de Timor, Rua de Cabo Verde, etc. El barrio se encuentra a cinco minutos del corazón de la Graça, donde reinan los miradores con las mejores vistas de la ciudad.     

Vistas desde Mirador Portas do Sol
Mirador das Portas do Sol, Alfama. Foto: Patri Cámpora

Y aunque la inmensa mayoría son ya avisperos de turistas y están reseñados en todas las guías de Lisboa, aún quedan rincones por descubrir en el más absoluto silencio. Ese es el caso del Miradouro do Recolhimento, en la calle con el mismo nombre, Rua do Recolhimiento. No es tan espectacular como la vista desde el Miradouro da Graça, pero vale la pena. 

Lisboa desde Castelo Sao Jorge
Vista desde Castelo de Sao Jorge. Foto Patri Cámpora

La perspectiva que tiene Lisboa es única gracias a su geografía en colinas, cualquier ángulo es un picado-contrapicado espectacular, o un detalle cargado de intensidad y poesía. Otro mirador que goza de una cierta tranquilidad y este sí, grandioso en su panorámica, es el Mirador de Nuestra Señora do Monte. Poco frecuentado, tal vez porque para llegar a él debemos subir una callecita bastante empinada o porque la inmensa mayoría decide hacer la pausa del día en el incomparable Miradouro da Graça. Allí ha crecido una explanada que invita al café, la cerveza, el descanso, más fotografías y por qué no, la contemplación. 

Existe otro mirador cercano a mi antigua casa, también poco conocido ya que su acceso continúa discreto, es el Miradouro do Monte Agudo. Mayormente frecuentado por los jóvenes del barrio, se encuentra en las traseras de un liceo. A este se llega desde la Rua Heliodoro Salgado, muy empinada en su tramo final, o desde la Rua Penha da França, transitada apenas por los locales. Para llegar al tesoro escondido debe bajarse del eléctrico en la parada de la calle, Forno do Tijolo, y subir y subir y subir por la Heliodoro Salgado, unos ocho minutos.

En las guías de la ciudad pocas veces aparece mentada la incomparable Villa Berta, tal vez por ser una joya bien guardada para la paz de sus moradores, en la inmensa mayoría personas de la tercera edad. Villa Berta fue objeto de una profunda reforma que cuidó en extremo la traza original y los colores típicos de las casitas lisboetas. Es una de las barriadas más populares de Lisboa, como una vez lo fue y es, a pesar de todo, Alfama. Pero Alfama es el barrio más conocido y frecuentado por curiosos y turistas, y no vale la pena mencionarla en esta crónica de lo secreto y escondido.

Vias del tranvía en calle de Lisboa
Subida a Alfama con catedral. Foto: Patri Cámpora

En la Rua da Graça tenemos otro bastión de autenticidad, la Tasca do Jaime. Es uno de los pocos lugares donde podemos escuchar Fado Vadio, ese otro fado que surge desde la expresión más genuina del corazón lusitano. El visitante puede quedarse al balcón degustando los “petiscos” de Doña Laura, la mujer de Jaime, mientras escucha a fadistas no conocidos, o simplemente a los improvisados que solo cantan en la ducha, o en la Tasca del Sr. Jaime. Aún la entrada es libre y solo se paga el consumo.

El trayecto del Eléctrico 28 es bastante largo, comienza en la Plaza Martim Moniz (muy cerca de la Baixa) y termina en el Cementerio de los Prazeres (vaya nombre para el camposanto), en el barrio más trendy de Lisboa, Campo de Ourique. Como creció sobremanera la cantidad de pasajeros, los servicios de transporte de la ciudad optaron por incluir otra carrera más pequeña, reforzando así la zona más visitada, o sea, entre la Graça y la Basílica de la Estrella. Conviene por tanto cerciorarse si está o no en el eléctrico elegido. 

Tranvía 28 en Lisboa en basílica da estrela
Parada del Eléctrico 28 en Basílica da Estrela. Foto: Patri Cámpora
Tranvia 28 Lisboa

La plaza Martin Moniz se encuentra a un paso de la zona de Intendente, antiguo antro de droga y prostitución. A día de hoy está recuperada después que un antiguo presidente de la cámara, hoy Primer Ministro, mudara su oficina para esta plaza. En los últimos tiempos el lugar se ha puesto de moda con muchos cafés, pequeños restaurantes, puntos ecológicos y una tienda que es ya bastante conocida y justamente alabada, A Vida Portuguesa. En este comercio puede encontrar productos típicos del país y con diseños de otrora, desde enlatados a jabones, cuadernos, mantas, juguetes y toda variedad de artículos a precios para todos los bolsillos. Es una tienda preciosa que vale la pena visitar.

Es frecuente encontrar en las tascas del Intendente a mucha gente joven, hipster, artistas, extranjeros que llegaron de turistas y hoy son residentes permanentes en la zona, y por supuesto los locales que no se dejan vencer por los aires de modernidad y renovación.  

En una de sus transversales se encuentra una de mis tascas favoritas, Adega dos Arcos, también conocida como Cova Funda. Ni quiero mencionar la calle para que no se me llene de gente, disculpen el egoísmo, pero una tasca que era la alternativa por excelencia a la Cervejaría Ramiro, ya exhibe fila de espera en los horarios de almuerzo y cena. Es lógico, se come endiabladamente bien y aún por un precio razonable. Debo mencionar además a su gentil camarera, una políglota que admira por su simpatía y facilidad para comunicar en varias lenguas.

Vale la pena ir descubriendo esos rincones ocultos, Lisboa es como un amor definitivo y misterioso, hay que irla viviendo poco a poco, sin pausas e intensamente…


Tenchy Tolón es guionista. Nació en La Habana pero se siente ciudadana del mundo. Ha regresado a Lisboa después de unos años viviendo en Copenhague.

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