Paseo literario por Lisboa, alegoría del tiempo

Adentrarse en la capital de Portugal es profundizar en el alma humana. Los libros, la mejor compañía para el viaje y la clave para comprender la fuerza inspiradora de la ciudad lusa. 

Paseo literario por Lisboa: Tranvía 28
El tranvía 28 en Lisboa

A Fernando Pessoa no le hacía falta salir de la calle Douradores de su «Lisboa, con sus casas de varios colores» para ver y sentir el universo. Para el escritor que se desdoblaba en heterónimos esta calle representaba el arte y la vida. «Sí, el Arte, que vive en la misma calle que la Vida (…) Sí, esta calle de los Douradores comprende para mí todo el sentido de las cosas, la solución de todos los enigmas, salvo el hecho de existir enigmas, que es lo que no puede tener solución». Para el poeta, Lisboa fue una puerta al interior de lo más profundo del ser humano. Sus calles empedradas, plazas y el bullir de la vida a orillas del río ibérico, epicentro de la filosofía. Observaba a la sociedad lisboeta y lo dejó por escrito en cientos de páginas y versos, que escribía de pie y desde varios puntos de vista, a través de las firmas de varios personajes que creó como si tuvieran vida propia. Álvaro de Campos, Bernardo Soares o Ricardo Reis algunos de ellos. «La mejor forma de viajar es sentirse», decía. Fue un viajero de su ciudad. Y, aunque Pessoa escribió que olvidaba Lisboa cuando dormía porque dejaba de existir; la ciudad de Lisboa, la de las casas de varios colores, le recuerda. La sombra del poeta permanece en sus calles, cuestionándose sobre el misterio del tiempo y la existencia. Esperando que otros paseantes le acompañen y así continuar con su legado y pensamiento. 

Memoria y espacio

José Saramago sintió la presencia del gran poeta en Lisboa. Por los dedos y sensibilidad del Premio Nobel portugués se vertió la ciudad —donde vivió la mayor parte de su vida— en varios libros y novelas. Desde Claraboya, Manual de pintura y caligrafía, Historia del cerco de Lisboa a El viaje del elefante.  Gracias a José Saramago descubrimos la Lisboa humilde, rica en vida y sentimientos. «Mi Lisboa fue siempre la de los barrios pobres, y cuando, mucho más tarde, las circunstancias me llevaron a otros ambientes, la memoria que preferí guardar fue la de la Lisboa de mis primeros años, la Lisboa de gente de poco tener y mucho sentir, todavía rural en sus costumbres y en la comprensión del mundo. (…) Físicamente habitamos un espacio, pero, sentimentalmente, somos habitados por una memoria. Memoria de un espacio y de un tiempo, memoria en cuyo interior vivimos, como una isla entre dos mares: a uno le llamamos pasado, a otro le llamamos futuro».

La mejor forma de conocer, por tanto, Lisboa es llevando un libro que nos acompañe: El año de la muerte de Ricardo Reis. En la novela, José Saramago nos sumerge en la urbe atlántica y lluviosa, armando una atmósfera que impregna el sentimiento del lector. Se aventura a devolver a la vida a creador y creado. Ricardo Reis —de los heterónimos de Pessoa, quizá el más conservador— regresa de Brasil a finales de 1935 al conocer la muerte del enigmático poeta. En el hotel donde se aloja establece relaciones con distintos personajes, —las inolvidables Lídia y Marcenda—, y, entre ellos, un ‘aparecido’. El fantasma de Pessoa que durante nueve meses vaga por la ciudad visible a quien él desee. José Saramago ofrece al lector la teoría literaria de que al igual que los seres humanos pasamos nueve meses en el vientre materno, la persona una vez fallece dispone de nueve meses de transición entre este mundo y otro. Una experiencia metaliteraria y onírica en busca del sentido de una sociedad, una época y la identidad de los protagonistas. 

Imperdibles las visitas guiadas que la Fundación José Saramago organiza en Lisboa siguiendo la estela de la novela El año de la muerte de Ricardo Reis. Además, en septiembre de 2020, se ha estrenado la adaptación cinematográfica de la novela en Portugal. Un film dirigido por el cineasta portugués Joao Botelho del que podremos disfrutar en España en las próximas semanas. 

La Baixa. «Aquí acaba el mar y empieza la tierra». 

Ricardo Reis desembarca del Highland Brigade en el Cais do Sodré. La ruta literaria comienza en este mismo punto, en el barrio de la Baixa. Invade al viajero el desasosiego por navegar la ciudad. Lisboa, anfitriona con siglos de experiencia, es una ciudad enriquecida de vida por los intercambios culturales que llegaban a través del río. El ambiente descrito en el libro ha cambiado, pero si se cierran los ojos se puede escuchar el pisar de los caballos, el olor a pescado que cargaban los marineros, la dulce y húmeda bienvenida de una Lisboa gris y amable. Al frente, continúa el que fuera el hotel Bragança donde Ricardo Reis se alojara. Ahora, otro nombre y reformado, la fachada es celeste. 

Plaza Camoes Lisboa literaria
Plaza Camões

Se toma la empinada rua do Alecrim, —también se puede subir de la Baixa al Bairro Alto en tranvía— para seguir la ruta diaria que Ricardo Reis utilizara para ir a la consulta médica en la Plaza Camões. Si se aguza bien el oído, el viajero quizá escuche el murmullo de los diálogos poéticos que mantenía el médico con el fantasma de Pessoa. 

Tranvía Lisboa

«(…) por la rua do Alecrim, nos toparemos, en el Largo de Barao de Quintela, con la estatua del novelista Eça de Queiroz, hecha por Teixeira Lopes y develada en 1903. La figura principal, de mármol, representa la Verdad —una mujer desnuda con el cuerpo no bien cubierto por un velo de gasa. Detrás de ella, en un plano superior, está el busto del novelista. En la base quedó grabada la frase del novelista que sirvió de inspiración al escultor: “Sobre la poderosa desnudez de la verdad, el transparente velo de la fantasía”».

Extracto de las notas que Fernando Pessoa escribió sobre Lisboa. 

El Chiado

Al llegar a lo más alto de la calle arribamos al Chiado, a la rua Garrett. Calle en honor al escritor de los Viajes por mi tierra y precursor del romanticismo, Almeida Garrett. Barrio cosmopolita, literario y bohemio, de cafés, iglesias, museos y teatros. El Chiado fue restaurado por el Marqués de Pombal tras el terremoto de 1755. En una de las esquinas de la calle, la Livraria Bertrand fundada en 1732, es considerada la librería más antigua del mundo. Al frente, en el Café A Brasileira, se sienta permanentemente con un libro Fernando Pessoa.

Paseo literario por Lisboa: Pessoa en A Brasileira
Escultura de Pessoa en A Brasileira

Nació cerca de allí, en el Largo de San Carlos, nº 4, frente al teatro del mismo nombre. En la puerta, una estatua cuyo rostro es un libro abierto, le homenajea. —Pessoa habitó distintos espacios de la ciudad. Hoy se puede visitar la casa museo en la que vivió durante sus últimos quince años. En la Rua Coelho da Rocha, nº 16, en el barrio Campo de Ourique—.

Escultura de Fernando Pessoa
Escultura de Pessoa frente a la casa donde nació.

Bairro Alto

El paseo continúa calle arriba. Los edificios de colores se amontonan, las piedras de basalto se amoldan a nuestro paso. Tras caminar varias calles estrechas, —algunas de desniveles imposibles—, hasta llegar a donde finaliza el carril del tranvía, se abre a la atónita mirada del viajero el mirador de Santa Catarina.

Paseo literario por Lisboa, el Tajo

En el centro de la plaza ajardinada, observa el Tajo, implacable, el Adamástor. Este ser mitológico de la epopeya Os Lusíadas de Luís de Camões, puso en jaque a los barcos de los descubridores portugueses de la expedición de Vasco da Gama a la India durante su trayecto a través del cabo de Buena Esperanza. Hoy su figura sigue observando los navíos, quizá recordando los peligros a los que la sociedad tiene que enfrentarse a cada paso del tiempo. Al atardecer, en el mirador de Santa Catarina se respira calma. La luz rosácea del atardecer cubre los tejados y las fachadas de azulejos. Al fondo, el puente 25 de Abril para no olvidar que lo que vemos no es mar, sino río. 

Alfama, donde Lisboa persiste

Alfama, barrio antiguo y moderno, abre paso para que emerjan las ruinas de la vieja Olissipo, así como tabernas de fado, comercios y restaurantes para mostrar a los nuevos descubridores cómo fue una vez allí la vida. Lisboa lucha día a día por hacerse a los nuevos tiempos y no perder su espíritu. 

«Alfama es un animal mitológico. (…) El viajero sigue por los callejones retorcidos, entre cuyas casas a uno y otro lado casi los hombros rozan, y allá arriba el cielo es una rendija entre los aleros apenas separados un palmo, (…) después de haberse perdido algunas veces como había decidido, siente ganas de penetrar otra vez en las sombrías callejas, en los callejones inquietantes, en las escaleras resbaladizas, y quedarse allá hasta que haya aprendido al menos las primeras palabras de este discurso inmenso de casas, de personas, de historias, de risas y de inevitables llantos. Animal mitológico por cuenta ajena, Alfama vive por su propia y difícil cuenta».

José Saramago, Viaje a Portugal

Desde Alfama, subiendo por la rua da Saudade —donde se encuentran los restos del teatro romano—  se aposenta el castillo de San Jorge. Sus orígenes se remontan al dominio musulmán del territorio y más allá, a las conquistas bárbaras contra el imperio romano. Desde esta imponente colina, el viajero tendrá otra visión del Tajo y la ciudad. El castillo forma parte importante en la novela de José Saramago Historia del cerco de Lisboa, donde el escritor cuenta el momento histórico en que los cristianos tomaron la ciudad a los musulmanes, sitiando la ciudad durante varios meses. Raimundo Silva, revisor de textos en una editorial, cambia el curso de la historia introduciendo un «no» impulsivamente en un libro de historia, en el lugar donde debiera aparecer un «sí».  

Paseo literario por Lisboa: vistas  desde el Castillo de San Jorge
Lisboa desde el Castillo de San Jorge

El periplo continúa deslizándonos calles abajo, volviendo al rumor del río, directos al Campo das Cebolas. En el centro de la plaza se alza la Casa dos Bicos, sede de la Fundaçao José Saramago, como una catedral laica de la literatura. Al frente, un olivo centenario de Azinhaga —el pueblo donde nació José Saramago—, donde están las cenizas del escritor portugués. En el suelo, una frase de Memorial del convento: «Pero no subió a las estrellas, si a la tierra pertenecía». 

Casa dos Bicos. Paseo literario por  Lisboa
Casa dos Bicos, Fundación José Saramago

Lisboa literaria

Pero son otros muchos los autores y escritoras que han encontrado en Lisboa la atmósfera necesaria para contar sus historias. Antonio Tabucchi sintió como una señal cuando en su juventud encontró un poema de Pessoa perdido en un banco de la Gare de Lyon de París. Se trataba de Tabacaria de Álvaro de Campos. «No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo…». Y, con estas palabras, el autor decidió instalarse en Lisboa. Su novela más conocida Sostiene Pereira lleva a su protagonista por toda la ciudad. «Sin embargo sentía una gran nostalgia, de qué no podría decirlo, pero era una gran nostalgia de una vida pasada y de una vida futura, sostiene Pereira»

Edificios de Lisboa

Otros libros para permanecer en Lisboa antes o después del viaje. La sombra que se va de Antonio Muñoz Molina o el también suyo El invierno en Lisboa. El imperio eres tú de Javier Moro. Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Lisboa, diario de a bordo, de José Cardoso Pires. Recomendamos también la obra poética de Sophia de Mello y La Sibila Agustina Bessa-Luís. 

Es preciso, siempre, regresar a Lisboa. Museo vivo de la historia de un pueblo, del latir de una sociedad de anhelos y descubrimientos en el interior de lo que nos acontece. Lisboa, un espacio en el que no importa el tiempo. Su poder inspira al que la visite, no solo para ir más allá de uno mismo, sino que hace de cada viajero un creador. 


Alba Cantón es periodista y trotamundos. Su pasión por los libros le ha llevado a fundar la editorial de literatura de viajes ‘Itineraria‘, donde invita a viajar a través de la lectura y la imaginación.



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Sigue descubriendo Lisboa con los ojos de Pessoa y Saramago.

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