Escapada a Madeira: aventura y tradición con sabor portugués

¿Puede una sola isla darte todo esto? Sí, todo esto y mucho más. Por eso Madeira ha logrado posicionarse y mantenerse en lo alto del podium como el mejor destino insular del mundo y de Europa durante varios años seguidos. 

El archipiélago portugués de Madeira está compuesto por dos islas habitadas, Madeira y Porto Santo, y por varios islotes deshabitados, las islas Desertas y las Salvajes.

Madeira y Porto Santo son islas de paisajes opuestos que se complementan. Madeira, verde, abrupta y montañosa. Porto Santo, llana, árida y con playas kilométricas. Dos islas que nos recuerdan a nuestra La Palma y Fuerteventura, pero que enseguida nos muestran sus singularidades que las hacen únicas.

Una isla perdida en medio del Océano

Escapada a Madeira Forte Sao Tiago  Funchal

El Océano Atlántico ha sido durante siglos su puerta de entrada y salida. En 1418 marinos portugueses avistaron la isla de Porto Santo casualmente en medio de una terrible tempestad. Dos años más tarde, en 1420, una expedición portuguesa llegó a Madeira, la isla de la madera,  y ante la visión de esa arboleda tan densa, decidieron prender fuego para despejar el camino y así poder explorar la isla.

En 1425 llegaron los primeros colonos portugueses a establecerse con su ganado y a cultivar esta tierra agreste y fértil. Con los años comenzaron a cultivar caña de azúcar, convirtiéndose en poco tiempo en los mayores productores de este tipo de planta del mundo.

El azúcar fue lo que atrajo a Cristóbal Colón a la isla. Se enamoró de su belleza y de la hija del gobernador de Porto Santo, Filipa, con la que se casó y tuvo a su único hijo, Diego. La semilla que le llevó a descubrir América se gestó aquí, observando los desechos que traía la corriente del Golfo a las costas de la isla que sugerían que había más tierras al otro lado del Océano.

Por aquí hicieron escala las carabelas de Colón rumbo América, los piratas que atemorizaban a la población y los barcos que hacían escala obligada en su travesía rumbo al Cabo de Buena Esperanza. Y arribaron los comerciantes ingleses, que dejaron su impronta en la isla y trajeron prosperidad.

Ya entrados en el siglo XIX, llegarían los primeros turistas, nobles y príncipes que disfrutaban de largas y lujosas estancias en la isla. 

Escapada a Madeira Quinta en Funchal
Quinta Bela Sao Tiago

La isla fue puerto de obligada escala para los navíos hasta la construcción del Canal de Suez. Los años 40 fueron años de pobreza y miseria y muchos madeirenses se vieron abocados a emigrar a Venezuela y Sudáfrica en busca de una vida mejor. Hoy en día muchos han retornado a la isla, suavizando el portugués con su deje venezolano o su color mestizo en la piel.

El turismo es su principal fuente de ingresos y llega a la isla a bordo de cruceros y en avión, para disfrutar de unas vacaciones en las que combinar el relax con el turismo activo, la gastronomía y el descubrimiento de su rica cultura y tradiciones.

El Atlántico está omnipresente en Madeira. Su intenso azul se contempla desde todas las laderas de la isla que se convierten en imponentes miradores naturales desde donde perder la vista en el horizonte.

Madeira a vista de pájaro

Mirador Cabo Girao
Mirador de Cabo Girao

Madeira nos sorprende desde las alturas. En el momento en que comienza el descenso hacia el aeropuerto que lleva el nombre de uno de los madeirenses más admirados, Cristiano Ronaldo, nos llama la atención la pista de aterrizaje ampliada sobre viaducto ganado al mar. Una de las numerosas obras de ingeniería que nos encontraremos en esta isla, que desafía su abrupta orografía a base de puentes, túneles y teleféricos.

Los miradores abundan en la isla. Uno de los más impactantes es el de Cabo Girao, con una plataforma de cristal situada a una altura de 580 metros sobre el nivel del mar que desafía al vértigo y regala una preciosa panorámica de las tierras de cultivo de Fajas do Rancho, Cámara de Lobos y Funchal. Si te atreves, puedes hacer salto base desde allí.

Las mejores vistas de la isla hay que ganárselas. Cálzate las botas de montaña (imprescindibles si quieres descubrir los mejores secretos de la isla) y asciende al Pico Areiro. Corona su cima y disfruta del momento.

Desde el mar hasta el Monte

Vista de Funchal desde el mar
Funchal desde el puerto

La capital de la isla está llena de encanto. Las casas blancas con tejados de tejas tapizan toda la ladera, desde la bahía de Funchal hasta Monte. La ciudad no ha perdido un ápice de su esencia a pesar de su larga convivencia con el turismo.  

Te proponemos comenzar a descubrirla desde las alturas, tomando el teleférico que nos lleva a Monte, disfrutando a vista de pájaro de los tejados de Funchal y su puerto.

Teleférico Funchal
Teleférico Funchal a Monte

Al bajarnos encontraremos dos de los inolvidables jardines que encontraremos en la isla: el Jardim Botánico y el Jardim Tropical Monte Palacio, donde la exuberancia vegetal y el arte se dan la mano. Los jardines de Madeira son verdaderas obras de arte, herencia del paso de los ingleses por la isla y potenciados por su clima subtropical que favorece el cultivo de todo tipo de flores y plantas.

Después de pasear por los jardines, tenemos que reservar fuerzas para ascender la empinada escalinata de la Igleja do Monte. A sus pies nos estarán esperando los carreiros, con su peculiar aspecto que nos recuerda a los gondoleros venecianos, preparados para impulsarnos en sus cestos de mimbre con patines de madera por las empinadas cuestas, en un paseo no apto para cardiacos.

Carreiros
Carreiros

Lo que es ahora una diversión para turistas, era el método de transporte tradicional para trasladar a los habitantes de Monte y los productos agrícolas que allí se cultivaban, hasta Funchal.

Funchal, una ciudad con historia abierta al mar

Mercado dos Lavradores
Puesto de frutas tropicales Mercado dos Lavradores

Comenzar el paseo en el Mercado dos Lavradores nos introducirá en el ritmo de la ciudad. Los viernes es el día de la compra para los habitantes de la ciudad, así que es un buen momento para acercarnos y curiosear entre los coloridos puestos de flores y frutas que compiten para captar la atención de los clientes. Una explosión de color y sabor que nos recuerda que estamos en una tierra fértil en la que las frutas tropicales y las flores exóticas crecen a sus anchas.

En la pescadería podremos disfrutar del espectáculo de los pescaderos preparando para sus clientes atunes, viejas, sardinas… y como no, la especialidad local, espada preta. Todo recién cogido en las aguas de la isla.

Barrio velho Funchal
Barrio Velho Funchal

Conociendo ya la materia prima local, podemos dirigirnos a uno de los restaurantes de las calles del barrio antiguo de Funchal, en cuyas fachadas  nos sorprenderán los coloridos graffitis del proyecto Portas Abertas, que desde 2011 han devuelto la vida a esta parte de la ciudad.

Portas abertas
Calles del barrio viejo de Funchal

Junto al mar encontramos el Forte de São Tiago, que desde siglo XVII protege la bahía de Funchal de los ataques piratas. A sus pies, uno de los muchos accesos al mar con los que los madeirenses compensan su falta de playas con piscinas naturales y escaleras al mar.

Forte de Sao Tiago
Forte de Sao Tiago y zona de baño

Desde allí  podemos recorrer toda la bahía. Puerto y ciudad se han fusionado para abrir la ciudad al mar. En el puerto podemos ver como conviven los grandes cruceros con los barcos de vela, los windsurf o los barcos pesqueros.

Barcos puerto Funchal
Barcos en el puerto de Funchal

Un agradable paseo que nos llevará hasta el museo y el Hotel Pestana CR7, propiedad del emblemático futbolista, que se yergue frente a la moderna estación de cruceros.

Pestana CR7 Funchal
Pestana CR7

Al otro lado del muelle, un fortín convertido en showroom  y restaurante de la reconocida diseñadora de interiores Nini Andrade. Desde su terraza de puede disfrutar de una preciosa vista de todo Funchal.

Funchal, adoquines que hablan de pasado.

Funchal Madeira

Los adoquines del centro histórico de Funchal cuentan historias de marinos, comerciantes y piratas. En sus calles empedradas se apilaban sacos de azúcar y barricas de ron y de vino que se intercambiaban por obras de arte en Flandes. En las bodegas situadas en el centro de la ciudad los comerciantes ingleses negociaban acuerdos para exportar el vino de la isla a todo el mundo…

Catedral de Funchal Madeira
Catedral de Funchal

Cálzate unos zapatos cómodos y sal a pasear por sus calles empedradas. Encontrarás comercios tradicionales como el Bazar do Povo; la Catedral de Funchal, uno de los pocos edificios que han sobrevivido intactos desde la colonización portuguesa; las Adegas de San Francisco, que guardan vinos desde el siglo XVII y donde puedes catar los deliciosos vinos de la isla; las Galerías de São Lorenço con su fachada de azulejos portugueses blancos y azules, o el Jardim Municipal do Funchal, donde hacer una parada para coger fuerza antes de ascender las cuestas que te llevarán a la plaza del Ayuntamiento, con su pavimento blanco y negro típicamente portugués, a la Casa-Museu Frederico de Freitas o al Museo de Arte Sacro, para contemplar sus pinturas flamencas, entre muchos otros lugares de interés.

Para descansar de tanto trajín, puedes relajarte en el Puerto deportivo o en el Parque de Santa Catarina, mientras disfrutas de unas vistas panorámicas de la ciudad y el puerto.

Escapada a Madeira Parque Santa Catarina
Funchal desde el Parque Santa Catarina

El toque inglés

El matrimonio entre Carlos II de Inglaterra con la princesa portuguesa Catarina de Braganza llevó aparejado el derecho a asentarse en la isla para los ingleses, así como numerosos beneficios comerciales. Es así como comienza la presencia inglesa en la isla, con comerciantes que se instalan en Maderira para invertir en azúcar, vino y esclavos. Madeira también resultó beneficiada de ese enlace ya que sus vinos, junto con los de Oporto, se podían enviar directamente a las colonias británicos sin pasar por Inglaterra, consiguiendo conquistar el mercado de todo el imperio británico.

Algunas de las familias inglesas subieron rápidamente en el escalafón social de la isla y sus descendientes siguen dominando el comercio insular, como los Blandy y los Leacoc.

Vino de Madeira
Vinos de Madeira

Los comerciantes británicos trajeron a la isla sus costumbres, como el té de las cinco que se puede degustar en muchos lugares, y construyeron hermosas quintas con inmensos jardines en los que cultivaban flores traídas de todo el mundo. Muchas de esas quintas se han convertido en hoteles llenos de encanto donde desconectar del mundo y sus jardines siguen cautivando a quién los recorre con su belleza.

Escapada a Madeira: Té de las cinco

Cámara de Lobos, Churchill estuvo aquí

La isla ha recibido a muchos visitantes ilustres a los largo de los años. El pequeño pueblo de pescadores de Cámara de Lobos cautivó a Winston Churchill que lo pintó durante las vacaciones que pasó en la isla en enero de 1950, con motivo de la reapertura del lujoso Hotel Reid’s Palace, tras la II Guerra Mundial. El lugar en donde instaló su caballete es conocido como el mirador de Winston Churchill y una estatua recuerda su paso por Madeira.

Cámara de Lobos es un puerto de pescadores atestado de coloridos barcos y rodeado por casitas blancas con tejas. Muchos visitantes se acercan allí para disfrutar de ese lugar y para degustar el pescado fresco local, espada preto, servido con plátano.

Santana, casitas de cuento

Al otro lado de la isla, en el pueblo agrícola de Santana, encontramos las casas más típicas de Madeira. Unas casas triangulares construídas con piedra natural y techadas en paja que han servido a los lugareños durante siglos como establos y viviendas y que son uno de los emblemas de la isla.

La agricultura, la artesanía y las tradiciones están fuertemente arraigadas en esta región que cuenta con un bosque de laurisilva Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Escapada a Madeira: Quinta do Furao
Vistas desde Quinta do Furao

Cerca de allí hay que hacer una parada en el restaurante de Quinta do Furao, desde donde disfrutar de las increíbles vistas de los acantilados y de la Punta de Sao Lorenço a lo lejos. Imprescindible reservar mesa con vistas para disfrutar de esta experiencia.

Escapada a Madeira: diseña tu propia aventura

La naturaleza de Madeira es el escenario de miles de aventuras. En la isla se pueden practicar todo tipo de deportes para descargar adrenalina. Puedes recorrer la costa haciendo coasteering, practicar canyoning , senderismo por las levadas, escalada, salto base, parapente, buceo, surf, mountain bike… La isla no defrauda a los amantes del turismo activo.

Mountain bike. Foto: Epic Madeira

Si prefieres una aventura sin tantos sobresaltos, puedes salir a navegar en un velero, realizar una excursión de avistamiento de cetáceos, practicar golf entre flores o dar un paseo al atardecer por el relajante paisaje de Ponta Sao Lorenço, la zona más árida y llana de la isla, desde la que se contemplan las Islas Desertas.

Escapada a Madeira, velero

Hay mucho que vivir en Madeira, tan solo hacen falta curiosidad y ganas disfrutar.

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